viernes, 12 de agosto de 2011

Elis Regina, su canto envolvia el alma, con tecnica, carisma y emoción.


Elis fue la primera persona en inscribir su voz como instrumento, en la Orden dos Músicos do Brasil. Y tenía toda la razón. Era un instrumento afinadísimo, que combinaba la técnica con el carisma y la emoción que ella colocaba en cada canción.
Para muchos la mayor cantante brasileña de todos los tiempos, la Pimentinha lanzó grandes compositores, como João Bosco y Aldir Blanc. Perfeccionista, exigía mucho de sus músicos, de su grabadora, de su voz. Quien ganaba era el público. Elis se comprometía de forma radical con todo lo que hacía, en la música y en la vida. Nació en Porto Alegre (RS) y ya a los 11 años cantaba en el elenco fijo de la Radio Farroupilha.

En 1959 firmó su primer contrato profesional, en la Radio Gaúcha, y al año siguiente fue para Rio de Janeiro, donde  grabó el primer compacto por la Continental. La misma grabadora lanzó en 1961, su primer LP, Viva a Brotolândia, de rocks y calipsos.
 

Volvió definitivamente a Rio en 1964, cuando comenzó a proyectarse. Cantó en el Beco das Garrafas, reducto de la bossa nova, donde aprendió, con el bailarín americano Lennie Dale, una coreografía que le valió el apodo de Hélice Regina.
Contratada por la TV Rio, pasa a trabajar con Jorge Ben y Wilson Simonal. En 1965 se convirtió nacionalmente conocida, al vencer el I Festival de Música Popular Brasileña de la TV Excelsior, cantando Arrastão, de Edu Lobo y Vinicius de Moraes. Dos en la Bossa, con Jair Rodrigues, fue tal el éxito que en los años siguientes fueron lanzados los volúmenes 2 y 3.

Al lado de Jair, Elis presentó uno de los programas más importantes de la música brasileña, O Fino da Bossa, en la TV Record, donde fueron lanzados éxitos como, Canto de Ossanha, de Vinicius y Baden Powell, y Louvação, de Gilberto Gil y Torquato Neto. Su carrera despegó definitivamente en 1966, cuando lanzó el disco Elis, con composiciones de los entonces desconocidos Milton Nascimento, Ivan Lins, Zé Rodrix y Belchior.

De temperamento inquieto, participó con el mismo entusiasmo de festivales y movimientos políticos, luchando por la preservación de la raíces de la MPB contra la invasión extranjera. Su show Falso Brilhante se convirtió en el marco de la música y de la escena brasileña. Llevó su voz, su alma y la MPB a los principales palcos del mundo. Grabó Elis y Tom (con Tom Jobim) en los Estados Unidos.

En 1979 fue al Festival de Jazz de Montreux, Suiza, y grabó O Bêbado e a Equilibrista, música que Brasil eligió para pedir la vuelta de sus exiliados. Su muerte repentina, en 1982, cortó una carrera fulgurante y dejó un vacío nunca completado.