jueves, 26 de abril de 2012

Desde que la mujer salió del hogar; el mundo se vino abajo.

     

No se trata de “machismo” solamente es el rol biológico que tenemos los seres humanos. Los hombres y las mujeres son seres muy similares, pero diferentes. El jamás será ella; tampoco ella nunca será él.
Y no se diferencian únicamente por el sexo sino que está comprobado que son diferentes orgánica y psicológicamente. De tal forma que por naturaleza la mujer, al igual como cualquier animal racional o irracional es quien debe parir y criar a sus pequeños  hasta que ellos puedan enfrentar la vida-así ella no lo quiera-. Precisamente por lo que el hombre y la mujer son dos mundos distintos y opuestos, es que se atraen y se complementan.

Pero que sucedió ahora; la mujer declinó a su rol biológico natural, para apartarse del hogar a fin de ayudar o sustentar a su familia económicamente ¿y que sucedió? El mundo se vino abajo. Imagínense, es como que la leona deja a sus críos a los cuidados de unas cebras, la gallina se las deja a una pata, los hijos de la jirafa los cría una elefanta o los críos de unos ovejas se quedan al cuidado de doña leona. Así igual sucede en la actualidad, la mujer dejó a sus hijos que los crie otra persona.

 ¿Y que esta aconteciendo?

Un estudio  reveló que en el mundo 2,6 millones de jóvenes mueren a lo largo de sus dos primeras décadas de vida; por suicidios,  actos violentos, alcohol, drogas, o accidentes de transito; en cuanto otros cientos de miles están en las cárceles o deambulan por las calles victimas de otros flagelos sociales.
Sexo desenfrenado, drogas, alcohol, abandono escolar, niños trabajando, mendigando en las esquinas, haciendo malabares en los semáforos para conseguir unas monedas, jovencitas que aprendieron a sacarle provecho económico a su belleza atrayendo “viejos verdes” para sacarles dinero o en las puertas de las discotecas prostituyéndose; el resultado, millones de infectados con letales enfermedades venéreas, niñas madres solteras, violadas y abandonadas, jóvenes asaltando, matando, drogándose, cumpliendo condena o en lo peor de los casos, muertos.

Lo que viene aconteciendo con las nuevas generaciones, es lamentable, sin embargo, no sorprende enterarnos por medio de las noticias policiales que “los asesinos no superaban los 18 años”, o que los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes entre 14 o 16 años de edad.
Sin embargo este caos generacional, ya había sido predestinado hace muchos años por el vigésimo sexto presidente de Estados Unidos, Theodoro Roosevelt, mediante unas proféticas palabras “El trabajo del hogar es fundamental para la humanidad. [...] Si la madre no cumple con su deber, no habrá una próxima generación, o si la hay, desearemos que no la hubiera habido.”
Hoy ya estamos lamentándonos de las suicidas actitudes de millones de nuestros jóvenes. Pero también está comprobado que desde que la mujer, salió del hogar en busca de superación, o para ayudar al marido, todo…todo se vino abajo.
Ahora vemos que las mujeres son presidentes, ministras, directoras de importantes instituciones, jueces, policías y están realizando miles de labores  y lo hacen muy bien, son exitosas lideresas, conducen la economía mejor que los hombres etc. etc. etc. ellas conocen perfectamente todo lo relacionado a su trabajo, saben lidiar con los más difíciles casos laborales, pero desconocen que esta sucediendo en su hogar, no saben donde andan sus hijas, a que se dedican sus hijos, donde comieron, que comieron, como van en la escuela o la universidad, o con que clase de amistades se están relacionando.
      (Getty)
No se trata de machismo, es la ley de la vida, así como las aves vuelan, los peces nadan; la labor de la madre es parte de este ecosistema humano, al igual que la leona, la tigresa o la mamá cocodrilo que no dejan de ser fieras mientras preparan a su pequeños para que enfrenten la vida. Es que eso, es algo natural; esas fieras saben instintivamente que deben dedicarles a sus críos el tiempo necesario para soltarlos al mundo, de lo contrario, la especie se acabaría rápidamente, pues los pequeños estarían expuestos a miles de peligros y no sabrían defenderse.
En los seres humanos está ocurriendo eso, la madre dejo en el “nido” a sus hijos, para que aprendan a caminar solos y cuando lo logran, lo hacen sin rumbo, por lo que son atraídos rápidamente por el primer malandro(a) que los encuentra desprevenidos.
Las mujeres manifiestan; son otros tiempos, las tareas del hogar también deben hacerlas los hombres etc. Por naturaleza, entre los animales, son las hembras quienes crían a sus hijos, entre los animales racionales, el hombre es más apegado a sus hijos, sin embargo, esto no garantiza una correcta educación dentro del hogar. La mujer jamás podrá escapar de este rol que le dio la naturaleza, de lo contrario estaremos dispuestos a sufrir las predicciones de Roosevelt.

Pero ahora ellas se resisten, quieren cambiar el mundo y lo están haciendo a costa de su hogar, compiten con los hombres en las diferentes tareas y que consiguieron con ello. Un hogar inestable, con hombres que abandonaron sus deberes de padres, con hijos que aparecen y desaparecen por semanas; Aunque ahora muchas mamás están más tranquilas por que los enamorados de sus hijas ya no las llevan a un motel (ahora la “nena” duermen con su enamorado en su propio cuarto con o sin consentimiento). Y los padres… cada uno por su lado y muchas veces haciendo cosas que les impiden moralmente llamarles la atención a sus hijos cuando estos hacen algo indebido.


Que hacer al respecto?... es difícil saber que hacer. El problema no es lo que actualmente hace la mujer; el problema es quien la remplaza en el hogar; por que el hombre jamás podrá substituir a una madre en el hogar; el hombre podrá realizar todas las tareas de casa, quizá hasta lo hará mejor, pero nunca como la mamá.
 
Lo que si es indudable; es que: “Cuando una madre está dentro de un hogar, da la sensación que Dios y sus ángeles también están junto a ella, dándonos paz y bendiciones a todos nosotros”.

Tras las huellas del libertador José de San Martín

    


Buscando explicaciones para las interrogantes que me acucian desde mi época escolar, pero sobre todo tratando de cumplir un antiguo anhelo, llegué a Yapeyú (“fruto maduro” en Guarani) pasado el medio día bajo una ligera lluvia que atenuó el caluroso ambiente.

Al cruzar el arco que simboliza la puerta de entrada al histórico pueblo mi emoción aumentó; había llegado a la cuna del General José de San Martín. El ómnibus en que viajábamos tuvo tiempo aún para recorrer parte de la localidad compuesta por casonas antiguas pero bien arregladas entre las cuales se destacan algunas casas más modernas.

Aplacada la llovizna caminé por sus calles anchas y bien enmarcadas, aunque la mayoría sin asfaltar donde pude sentir la apacibilidad de la vegetación, las flores y los árboles frutales que rodean esta localidad donde sus habitantes disfrutan el privilegio de carecer de agitados lugares de esparcimiento, supermercados, bares o bulliciosas discotecas. Es decir, un lugar placentero, de tierra roja, de gente hospitalaria y orgullosa de su historia.
      
                  El letrero que indica el rumbo a la casa del Libertador


Este pueblo fue fundado en 1627 a orillas del río Uruguay con el nombre de “Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú” y formó parte de las 30 Misiones o Reducciones guaranies creadas por jesuitas en el siglo XVII para albergar y evangelizar a los nativos. Experiencia que duró hasta 1768 cuando los miembros de esa orden fueron expulsados de los dominios de la corona española, dejando a los indígenas a merced de aquellos que se dedicaban a la búsqueda y venta de esclavos.     
          
En el año 1774 se designa al mayor Juan de San Martín, natural de España, como gobernador de Yapeyú, donde llega con su esposa y sus tres hijos. En ese lugar nace en 1776 su hijo Justo Rufino y el 25 de febrero de 1778 su quinto hijo José Francisco de San Martín, quien sería el libertador de tres naciones.
      
                    El Cuartel de los Granaderos a Caballo de Yapeyú
                         fundado por el general José San Martín


En mi recorrido por ese rincón de América donde el tiempo parece haberse detenido, pude percibir además la mezcla de lo ancestral y virreinal en medio de una discreta modernidad; una combinación que se empezó a matizar desde que Yapeyú iniciara su reconstrucción, después que en el año 1817 un ejército portugués tratando de ampliar sus fronteras saqueara e incendiara los pueblos de la parte occidental del río Uruguay.

Por la noche, tuve la oportunidad de disfrutar de la serenidad que solo se puede percibir en lugares alejados de las grandes metrópolis y al día siguiente bajo un esplendoroso sol, me puse en marcha hacia las ruinas de la casa donde nació el Libertador, la que se encuentra dentro de un palacete resguardado por miembros de los “Granaderos a Caballo”, escuadra fundada en Yapeyú por el mismo San Martín. En ese lugar se encuentra además la urna que guarda los restos de los padres del Libertador.

      
             Las ruinas de la casa de Yapeyú, donde nació San Martín


En mi recorrido por el pueblo encontré el retoño de la famosa higuera donde solía jugar San Martín de pequeño, restos de la reducción jesuita, la iglesia, el monumento a la madre del libertador y me sorprendió encontrar un arco a medio construir como monumento a los caídos en la guerra de las Malvinas. Visité también el cuartel de los Granaderos a caballo donde funciona un museo que guarda gloriosos uniformes, espadas, documentos y muchas cosas importantes, de donde me lleve como recuerdo unas viejas herraduras de uno de los caballos de ese histórico reducto.
      
                  Un oficial del ejército argentino me da de presente las
                  herraduras de uno de los caballos de los granaderos,
                                       de ese glorioso cuartel.

Así, después de visitar las ruinas de una Iglesia jesuita del siglo XVIII, conocer su anfiteatro, admirar la imagen de Su patrono San Martín de Tours, en la iglesia principal y hacer muchas amistades; retorne de Argentina atiborrado de fotografías, documentos, herraduras, piedras y tierra de Yapeyú que guardo celosamente en pequeñas urnas ubicadas sobre uno de los estantes de mi humilde oficina periodística aquí en Porto Alegre; objetos que estoy seguro tienen impregnados algo de la energía que fluía en el entorno del niño José Francisco cuando jugaba y correteaba con niños guaranies y que llenaron su espíritu de honor, justicia y patriotismo, pilares de la epopeya para la libertad de Argentina, Chile y Perú.
En Yapeyú, respirando sus aires de libertad, me sentí más peruano, más latinoamericano, más orgulloso de mi historia y del coraje de nuestros pueblos.
Solo ruego a Dios, me permita volver algún día.

               

Revolucionario, Emiliano Zapata; héroe nacional de México


 

Emiliano Zapata, el más importante líder de la revolución mexicana de 2010, que luchó contra la dictadura de Porfirio Díaz; es el ilustre personaje que presentamos esta vez a nuestros respetados lectores.

Emiliano Zapata Salazar nació en San Miguel Anenecuilco, municipio de Ayala, en el estado de Morelos, el día  8 de agosto de 1879. Fue hijo de Gabriel Zapata y de Cleofas Salazar, y formó parte de una familia  campesina.
Su infancia se desarrolló a la par del latifundismo porfirista en Morelos. Realizó sus primeros estudios con el profesor Emilio Vera, quién había sido un viejo soldado juarista. Pronto trabajó como labrador y arriero. En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla, para discutir la forma de defender frente a los hacendados vecinos sus tierras del pueblo. Su rebeldía lo condenó a la leva: en 1908, Zapata quedó incorporado al 9°. Regimiento de Caballería, en Cuernavaca. Se dice que el pretexto que se usó para su incorporación al ejército fue el hecho de que había raptado a una jovencita, ya que Zapata era conocido por ser un hombre muy enamoradizo. La acusación la puso el padre  de Inés Alfaro Aguilar, joven  con quien tiempo después Zapata tendría dos hijos: Nicolás y Elena Zapata Aguilar. En la fotografía en la que Zapata y Villa aparecen sentados en la silla presidencial, el niño más pequeño que se asoma es Nicolás. Después el 20 de agosto de 1911 contrajo matrimonio con la señorita Josefa Espejo Sánchez conocida como “La Generala” con quien tuvo dos hijos el primero tuvo por nombre Felipe; éste nació en el cerro El Jilguero y murió a la edad de cinco años en uno de los tantos refugios que como familia tuvieron. Su muerte fue trágica ya que no fue fácil evadir los peligros del monte y menos aún para un pequeño a quien el juego  se apetece en cualquier lugar. Felipe fue mordido por una víbora de cascabel y su salvación resultó prácticamente imposible. La segunda hija fue Josefa; ella nació el Tlaltizapán y su suerte no fue distinta a la de su hermano: su muerte resultó por la picadura de alacrán, su vida culminó un año antes que la de Felipe; de esta forma Josefa quedó sin hijos en poco tiempo. Sin embargo, Zapata tuvo más hijos, y de ellos a la fecha vive una: Ana María Zapata, hija de Petra P. Torres. Emiliano Zapata es asignado como caballerango de Pablo Escandón, Jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz, y más tarde, en el mismo puesto, al mando de Ignacio de la Torre, yerno de Díaz, quién le tomaría especial afecto por su destreza con los caballos.
En septiembre de 1909 Emiliano Zapata fue electo presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco, donde empezaría a analizar los documentos que acreditaban los derechos de los pueblos a sus tierras y se convertiría, de esa manera, en dirigente agrario de Morelos, su estado natal. Su primera aparición política ajena a su mundo campesino fue en las elecciones para gobernador de Morelos en 1909, cuando apoyó al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas, Pablo Escandón y Barrón.
En el mes de mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de Villa de Ayala, que eran protegidas por el jefe de policía José A. Vivanco y que dejó en posesión de los campesinos del lugar. Por este hecho tuvo que escapar varias veces del gobierno, pues fue declarado bandolero. Después de haber recuperado las tierras, las dejó en posesión de todos los campesinos de aquel lugar. Algunos meses después participó en la reunión que se celebró en ese mismo lugar, es decir, en Villa de Ayala, con objeto de discutir lo que después se convertiría en el Plan de Ayala.
La Revolución Maderista y el Plan de Ayala
A finales de ese mismo año, Pablo Torres Burgos fue enviado a Estados Unidos por Emiliano Zapata para que se pudiera entrevistar con Francisco I. Madero. El resultado de esta entrevista fue la decisión de tomar las armas por Emiliano Zapata y otros 72 campesinos y con Juan Moreno, Rafael Moreno, Maurilio Mejia y José Vergara. Esto lo hicieron el día 10 de marzo de 1911, cuando proclamaron el Plan de San Luis. Se dirigió hacia el sur, pues ya era perseguido por Aureliano Blanquet y su batallón de soldados. En este período del movimiento zapatista sobresalen las batallas de Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango, así como la muerte del zapatista y antiguo líder del movimiento suriano, Pablo Torres Burgos, que incluso precedió al mismo Emiliano. A la muerte del mismo, Emiliano Zapata es elegido, por la junta revolucionaria del sur en 1911, nuevo jefe revolucionario-maderista del sur. Las reivindicaciones zapatistas contenidas en el Plan de Ayala, que suponían una reforma agraria radical (La tierra es de quien la trabaja), fueron inaceptables para los sucesores de Porfirio Díaz. Lo mismo se puede decir de Francisco León de la Barra quien, haciendo uso de su facultad de presidente, encabezó diversos enfrentamientos políticos y armados con el jefe suriano, e incluso del mismo Francisco I. Madero.
Zapata se negó a desarmar a sus tropas, según lo acordado por los Tratados de Ciudad Juárez, sin que antes se realizara el reparto de las haciendas del Estado. Esto dio lugar a que Francisco León de la Barra, presidente interno, lo considerara bandido y rebelde, mandando fuerzas a perseguirlo. Mil hombres bajo el mando de los generales Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet fueron enviados a combatirlo. Para agosto del citado año de 1911, Francisco I. Madero quedó de entrevistarse con Emiliano Zapata en Yautepec para buscar una solución pacífica en el conflicto suriano, con el fin de convencerlo de que licenciara sus tropas, al tiempo que Zapata era fuertemente criticado por la prensa conservadora del país. En la reunión no se logró ningún acuerdo, dicho por Madero, pues el mismo estaba convencido de que no podía acordar el previo reparto agrario. El gobierno federal reiteró su decisión de imponer el orden por la violencia, y Zapata se desplegó con sus tropas a los límites entre Guerrero y Puebla, escondiéndose del gobierno y generando emboscadas a pequeños contingentes federales. Cabe destacar que durante ese lapso Zapata se casó formalmente con Josefa Espejo. El padrino de la boda fue el propio Francisco I. Madero.
El 25 de noviembre de 1911 Zapata lanzó el Plan de Ayala, redactado por Otilio E. Montaño, documento que se convertiría en su estandarte y en el fiel ejemplo de la ideología de los campesinos morelenses. En él se exigía la redención de los indígenas y la repartición de los latifundios otorgados durante el porfiriato. Se desconocía a Francisco I. Madero como presidente y se reconocía a Pascual Orozco como jefe legítimo de la Revolución Mexicana. Además, el documento postulaba que, en vista de que no se había cumplido con lo que se le había prometido al campesinado, la lucha armada era el único medio para obtener justicia.
Durante 1912, Emiliano Zapata combatió al Ejército Federal que, al mando de los generales Arnoldo Casso López, Juvencio Robles y Felipe Ángeles, buscaba la pacificación en los estados del sur. Los zapatistas buscaron defenderse y lo hicieron “brutalmente”, según la versión del Ejército Federal: en las narraciones de los ataques zapatistas son comunes las referencias a asaltos, incendios, violaciones, etcétera. Lo cierto es que dichas narraciones eran alteradas para justificar los desastres cometidos por los miembros del Ejército Federal. En ese año sobresalen los ataques a Tepalcingo, Yautepec, Cuautla y Cuernavaca, aunque debe afirmarse que en ese entonces el movimiento zapatista era muy débil, tanto en el ámbito político como en la rama militar, sobre todo cuando la campaña del gobierno maderista contra los sublevados surianos quedó a cargo del general Felipe Ángeles. Por sus métodos civilizados y tolerantes, le restaban bases al zapatismo, pues Ángeles simpatizaba con ellos.
La Lucha en el Sur a la Muerte de Madero
Tras el asesinato de Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se exacerbó y Zapata fue uno de los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo importantes reformas en Morelos. Posteriormente, estas posturas lo opusieron al nuevo presidente (Venustiano Carranza). Una vez en el poder, Victoriano Huerta envió una comisión encabezada por el padre de Pascual Orozco, Pascual Orozco (Padre) a pactar la paz con Emiliano Zapata. Esto le facilitaría tener un frente menos de guerra en el país. Éste, que contaba ahora con el dominio de Morelos y parte del Estado de México, del estado de Guerrero, de Puebla y de Tlaxcala, se negó a pactar con aquellos a quienes él llamó “asesinos de Madero”. Fusiló al emisario de Huerta, envió una carta al general Félix Díaz, repudiando al gobierno de Huerta y, para el mes de mayo de ese mismo año, reformó su Plan de Ayala, declarando que Victoriano Huerta era indigno de la presidencia del país. A Pascual Orozco se le retiró el cargo de Jefe de la Revolución. Zapata quedó entonces como único jefe del Ejército Libertador del Sur. Sin embargo, es preciso consignar que el hecho de reconocer el Plan de Ayala implicaba el no reconocimiento del Plan de Guadalupe, convirtiendo a Zapata, a Francisco Villa, a Álvaro Obregón y a Pablo González Garza, todos ellos en encarnizadas batallas en el norte del país, en luchadores de una causa aislada.
En los primeros meses de 1914, Zapata tomó Jonacatepec y Chilpancingo, y ese mismo año su ejército constaba ya de 27,000 hombres, por lo que para abril ya había controlado por completo el estado de Morelos y algunos lugares de Guerrero. Poco después conquistó Cuernavaca y para junio se acercó a la Ciudad de México, ocupando Cuajimalpa, Xochimilco y Milpa Alta, amagando a esta ciudad. Sin embargo, las fuerzas constitucionalistas les cerraron el paso, al ocupar la Ciudad de México antes que las propias zapatistas, las cuales se encontraban más cerca. En septiembre, Venustiano Carranza envió a Juan Sarabia, a Antonio I. Villarreal y a Luis Cabrera a conferenciar con Emiliano Zapata, pero nuevamente el caudillo suriano exigió la renuncia de Venustiano Carranza al Poder Ejecutivo, y el reconocimiento del Plan de Ayala. Los emisarios, como toda respuesta, abandonaron su campamento y el estado, pues Carranza rechazó rotundamente sus peticiones, calificándolas de “inadecuadas”.
El Gobierno Convencionista
En ese mismo mes, Emiliano Zapata, desde su cuartel general de Cuernavaca, promulgó la entrega de tierras a los pueblos. Invitado por varios delegados de la Convención de Aguascalientes, en la que los tres grupos más importantes que participaron en la Revolución Mexicana intentaron dirimir sus diferencias, Zapata no fue en persona al citado evento, pero envió a una comisión, integrada por Antonio Díaz Soto y Gama (quién protagonizo el Incidente de La Bandera), Leobardo Galván, Paulino Martínez, Manuel J. Santibáñez y Manuel Uriarte, quienes quedaron en calidad de observadores hasta que la Convención optó por desconocer a Venustiano Carranza. Así pues, Emiliano Zapata se unió con Francisco Villa y ambos reconocieron a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México, no así el encabezado por Venustiano Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra civil. A finales de noviembre, la poderosa División del Norte y el Ejército Libertador del Sur entraron en la Ciudad de México, alcanzando así fama nacional el movimiento zapatista como la otra cara de la moneda entre los campesinos surianos y los del norte. En su estancia en la capital, las tropas tuvieron una actitud más que pacífica: obtuvieron recursos mediante limosnas y evitaron los robos y asaltos de algunos bandidos que ensuciaban su nombre haciéndose llamar zapatistas. El 4 de diciembre de ese año Villa y Zapata tuvieron la célebre entrevista de Xochimilco, lográndose una alianza militar entre ambos ejércitos. Villa aceptó en cambio el Plan de Ayala, a excepción de sus acusaciones a Francisco I. Madero, quién había sido su redentor y se obligó a dar armas a Zapata.
Concretados estos acuerdos, Emiliano Zapata partió rumbo a Amecameca y tomó Puebla el 17 de diciembre de 1914, aunque en los primeros días de enero la plaza le fue arrebatada por las fuerzas del general Álvaro Obregón. Éste habría de dedicar sus mayores esfuerzos para combatir al poderoso ejército villista, dando lugar a que durante 1915 Morelos fuera gobernado por los campesinos levantados en armas, asesorados por los intelectuales de la lucha suriana. En 1916, una vez que Venustiano Carranza se había instalado en la Ciudad de México y que Francisco Villa hubiera sufrido serias derrotas por parte del ejército de Álvaro Obregón, Carranza dispuso la ofensiva contra el zapatismo, al mando de Pablo González Garza. Con apoyo incluso de la aviación del ejército, Cuernavaca fue ocupada por los constitucionalistas en mayo y, aunque regresó efímeramente a manos de los zapatistas, quedó definitivamente en su poder el 8 de diciembre de ese mismo año. Ante la carencia de armas y ya sin el apoyo villista, en muy poco tiempo casi todas las poblaciones del estado quedaron en poder de los constitucionalistas. En 1917, Zapata, lanzando una contraofensiva, reconquistó Jonacatepec, Yautepec, Cuautla, Miahuatlán, Tecala y Cuernavaca.
En marzo expidió la ley administrativa para el estado, reabrió escuelas, creó instituciones para reiniciar la producción de alimentos del campo y continuó la guerrilla en zonas periféricas y de frontera. Sin embargo, en octubre del mismo año entró a Morelos el general Pablo González Garza, apoderándose del territorio. Para 1918, Emiliano Zapata era, al igual que Francisco Villa lo sería en 1920, un guerrillero con poco futuro, pues ante las constantes batallas y lo escaso de las municiones, la muerte de los cabecillas y la ley agraria de Carranza, que apaciguó la causa suriana, su movimiento, indudable manifestación del descontento campesino, no llegó a consolidarse como una verdadera organización político-militar. Siendo una rebelión de masas campesinas, se limitó a realizar su guerra de guerrillas a partir de 1918.
 La guerra por parte del gobierno tomó perfiles despiadados. El gonzalista Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919, pero Zapata murió preso de una emboscada. No pocos condenaron el procedimiento. Además, esto dio lugar a que, una vez muerto, Zapata se convirtiera en el Apóstol de la Revolución y símbolo de los campesinos desposeídos. El movimiento continuó, aunque en franco declive, y los zapatistas acordaron nombrar a Gilbardo Magaña Cerda jefe del Ejército Libertador del Sur. Él sería el último: casi un año después, los antiguos compañeros de Zapata se integrarían al gobierno aguaprietista, y uno a uno serían asesinados por el mismo gobierno mientras trabajaban para la misma institución.
Los seguidores de Emiliano Zapata reciben desde entonces el nombre genérico de zapatistas, aunque es muy importante hacer la distinción entre los zapatistas de tiempos de la Revolución Mexicana y los actuales zapatistas del sur de México.
Hace algún tiempo, se publicó un texto que cuestiona la versión oficial de la muerte de Zapata en la Hacienda de Chinameca. Hasta la fecha no ha habido una respuesta pública, con argumentos, ni siquiera de historiadores profesionales, que refute este cuestionamiento a la versión oficial. Sin embargo, ha provocado la molestia de quienes lo publicaron, porque les dicen que distorsionan la redacción de este punto, al parecer por la incapacidad de argumentar.
Zapata es el autor de las famosas frases «Es mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado» y «el que quiera ser aguila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen