lunes, 5 de noviembre de 2012

  
Cuando, en 1939, Carmen Miranda desembarcó en el puerto de Nueva York, era desconocida para el público norteamericano. En un mes, con su gracia, voz y personalidad, conquistó una enorme popularidad.

Todo esto aconteció luego de presentarse en Broadway con su bahiana estilizada. Carmen ya era la mujer más famosa de Brasil, donde hizo carrera en la radio, en el disco y en el cine. Aunque nació en Portugal, era, sin duda, el mayor ícono de la brasilidad. Brasileña era percibida, brasileña se sentía.

Maria do Carmo Miranda da Cunha vino a Brasil con 18 meses. Su padre era barbero y la familia, de seis hijos, vivía modestamente. Estudió en un colegio religioso, en el barrio de Lapa; y al egresar, trabajó como empleada en una tienda de corbatas y ropas femeninas. El éxito vino primero como cantante: la marchita Pra Você Gostar de Mim, batió el récord brasileño de ventas. Entre 1929 y 1935, la Pequeña Notable, grabó 281 músicas, incluyendo Tico-tico no Fubá, O Que é Que a Baiana Tem? y South American Way. No por casualidad, también fue elegida en la Categoría Música.

En 1932, debutó en un documental sobre el Carnaval. Al año siguiente, actuó en Voz do Carnaval, de Cinédia, dirigido por Ademar Gonzaga y Humberto Mauro. Le siguieron Alô, Alô Brasil! (1935) y Alô, Alô Carnaval (1936). En Cantores de Radio, hizo pareja con su hermana Aurora, ambas de frac y sombrero de copa, en una clásica escena. Hizo de la bahiana el traje típico de la brasileña, en 1938, cuando cantó en la película Banana da Terra, forjando la identidad exótica de nuestro país.

Contratada por 20th Century Fox, se fue a Hollywood, donde llegó a ser la segunda estrella mejor pagada, explotando siempre, una envolvente mezcla de gracia e ingenua malicia. En total, actuó en 14 películas americanas, usando un característico peinado, el top, los disfraces, la falda rodada y la sandalia plataforma, para compensar sus 1,53 m de altura. Sus películas más importantes fueron Uma noite no Rio (1931), Aconteceu em Havana (1941), Minha secretária brasileira (1942), Alegria rapazes (1944) y en 1947, con Groucho Marx, Copacabana. En 1954, las presiones de la industria del entretenimiento le provocaron una crisis nerviosa, y la Pequeña Notable retornó a Brasil para descansar.

En Beverly Hills, en agosto de 1955, tuvo un colapso cardíaco y falleció, después de sentirse mal en un programa de televisión. Su cuerpo fue enterrado en Rio de Janeiro, donde una multitud de un millón de personas siguió el cortejo. Múltiple artista, Carmen continúa siendo siempre recordada y homenajeada en shows, obras teatrales, discos y documentales sobre su vida y su arte.

Recordando al destacado músico Heitor Villa-Lobos y sus bachianas brasileiras

         
Heitor Villa-Lobos aprendió muy joven los primeros acordes. A los seis años escuchaba a su tía Zizinha tocar el Clavecín, mientras en las calles de Rio de Janeiro, grupos de músicos amadores tocaban en las noches de fiesta.
Fue hijo de un funcionario de la Biblioteca Nacional y violoncelista amado, por lo que la vida musical en su infancia oscilava, así, entre Bach y las serenatas de los llorones. Cuando perdió al padre, a los 12 años, decidió aprender por cuenta propia a tocar la guitarra y el cavaquinho.
A los 18, contrariando la voluntad de la madre de hacerlo médico, se juntó a los llorones. Como músico ambulante viajó a Espírito Santo, Bahia y Pernambuco. De vuelta a Rio, se inscribió en el Instituto Nacional de Música de Rio de Janeiro, pero sentía “más placer en absorber el folclor que pasaba bajo sus ventanas que oír el raciocinio de los explicadores”.
Después de un nuevo viaje, al norte y al noroeste, donde recogió más de mil temas que utilizaría en su obra, completó su formación autodidacta dedicándose al estudio de los grandes maestros y de los tratados de armonía y orquestación. Se casó con la pianista Lucília Guimarães, tocó violoncelo en las orquestas de los teatros y de los cines cariocas y compuso suites sobre temas infantiles brasileños.
El año de 1915 marcó el inicio de la presentación oficial en Rio de Janeiro, de Villa-Lobos como compositor. Su música provocó la ira en las fuerzas pasadistas. En 1922, enfrentó con sus Danzas Africanas la indignada platea de la Semana de Arte Moderno y compuso dos sinfonías encomendadas por el Gobierno. Al año siguiente, Villa-Lobos embarcó a Francia, no para estudiar o perfeccionarse, sino para conquistar, llevando en el equipaje la inmensa obra ya compuesta.
Cinco años después, volvió a Europa con la batuta en la mano, para regir las principales orquestas del continente y presentarle al mundo os Choros, as Serestas, y a Missa de São Sebastião. Villa-Lobos se preocupaba con el descaso con que la música era tratada en las escuelas brasileñas y acabó por presentarle el revolucionario Plan de Educación Musical al Gobierno de Sao Paulo.
Después de dos años de trabajo, el compositor de Bachianas Brasileiras, fue invitado por Anísio Teixeira a organizar y dirigir la Superintendencia de Educación Musical y Artística, que introducía la enseñanza de Música y el Canto Coral en las escuelas.
Con el apoyo del entonces presidente Getúlio Vargas, organizó concentraciones orfeónicas grandiosas que llegaron a reunir, bajo su regencia, hasta 40 mil escolares. Se presentó por primera vez en Estados Unidos en 1944. En los años siguientes, ya casado con D. Mindinha, realizó innúmeras giras, donde rigió y grabó sus obras, recibió homenajes y encomiendas de nuevas partituras, además de haber entrado en contacto con grandes nombres de la música estadounidense, cerrando, así, el ciclo de su consagración internacional.

Brigadier Eduardo Gomes, patrono de la Fuerza Aérea Brasileña


      
Eduardo Gomes tenía 26 años cuando, en 1922, combatió a tiros las tropas del presidente Epitácio Pessoa, afirmando su posición contra la política viciada y fraudulenta de la República Vieja y se transformó en leyenda del heroísmo de las Fuerzas Armadas y del país.
Nació en Río de Janeiro, hijo de un ex-militar de la Marina. Vivió una infancia pobre, ingresando en la Escuela Militar de Realengo en 1916. Titulado teniente, adhiere al movimiento proveniente de los cuarteles y marca una participación decisiva en la insurrección del Fuerte de Copacabana, episodio que, en 1922, daba inicio al ciclo de insurrecciones tenentistas contra el Gobierno Federal. Cuando las tropas de la presidencia cercaron el local y la mayoría de los revoltosos se rindió, Eduardo Gomes no desistió y enfrentó a los soldados gubernistas. Fue herido y preso. La insurrección entró para la historia como los 18 del Fuerte.
Más tarde, escapó de la prisión y se escondió en el interior del país, asumiendo falsa identidad. En 1924 vuelve a la acción, entonces en Sao Paulo, utilizando su formación aeronáutica para hacerse responsable por el bombardeo de cuarteles y edificios públicos en la ciudad. Perseguido por las tropas del gobierno, rumba al Sur, pero antes de poder juntarse al grupo liderado por Luís Carlos Prestes, es nuevamente detenido, siendo suelto en 1926. Cuando asume Getúlio Vargas la presidencia de la República, en 1930, Eduardo Gomes renuncia a la promoción conferida a los oficiales revoltosos y se dedica enteramente a la carrera militar. Presta fundamental ayuda para la creación del Correo Aéreo Militar, que daría origen, más tarde, al Correo Aéreo Nacional.

Como comandante del I Regimiento de Aviación participa, en 1935, de la represión a la Intentona Comunista. Dos años después, en contra de la creación del Estado Nuevo, pide exoneración del cargo, pero nunca se desconecta de la Aeronáutica. En 1941 es promovido a brigadero. Durante la Segunda Guerra Mundial participa de la organización y construcción de las Bases Aéreas en el país. Por los servicios a la causa aliada recibe de Estados Unidos, en agosto de 1943, la Comenda de la Legión del Mérito. Con el fin del Estado Nuevo se candidata por la Unión Democrática Nacional (UDN) a presidente, perdiendo para el también militar Gaspar Dutra. “Vote en el brigadero, que es bonito y soltero”, era el slogan de la campaña.
En 1950 concurre nuevamente al cargo, siendo derrotado por Getúlio Vargas. Cuatro años más tarde, llega al Ministerio de Aeronáutica invitado por el presidente Café Filho, volviendo al puesto en 1964, con el golpe militar. Queda en el puesto hasta 1967. Muere en Rio de Janeiro, en 1981. En 1984, es proclamado patrono de la Fuerza Aérea Brasileña tornándose la síntesis del hombre que conjuga, en la figura del militar, la misión del oficial y la creencia del ciudadano.

Alberto Cavalcanti revitalizó la historia del cine brasileño

        
La trayectoria de Alberto Cavalcanti se entrelaza con la historia del cine. Artista y artesano apasionado, hizo de todo: fue escenógrafo, ingeniero de sonido, guionista, montador, director y productor.

Acompañando las grandes rupturas representadas por el paso del cine mudo al de sonido y del cine en blanco y negro al cine en color. Gran experimentador, utilizó sin perjuicios casi todas las tecnologías fílmicas. Trabajó, también, en la televisión y en el teatro y dio clases en la Universidad de California.
Carioca de familia pernambucana, nacido en 1897, Alberto Cavalcanti empezó su carrera en París, donde se especializó en escenografía, luego de estudiar Bellas Artes y Arquitectura en Suiza. Después de trabajar con Marcel L’Herbier y Louis Delluc, dirigió su primera película en 1926, a la cual le siguieron docenas de cortometrajes. Participó de los movimientos de vanguardia franceses en los años 20.

Con el advenimiento del cine hablado fue contratado por Paramount y realizó versiones sonoras, en francés y en portugués, de 21 películas producidas en Hollywood. Sus teorías innovadoras sobre la función de los ruidos y las palabras en la narrativa cinematográfica atrajeron la atención de productores ingleses.
Cavalcanti se mudó a Londres en 1934, donde contribuyó al desarrollo del documental moderno. Durante la guerra, se especializó en largometrajes de ficción, incluyendo un clásico de horror, Na Solidão da Noite, y una adaptación del romance Nicholas Nickleby, de Charles Dickens. Volvió a Brasil a fines de los años 40, luego de haber trabajado en 10 países europeos durante 36 años.

Participó de la creación de Vera Cruz, en São Paulo, fundamental para que el cine nacional diese un salto en la calidad técnica. Después de supervisar la producción de decenas de largometrajes, como Caiçara e Terra é Sempre Terra, se mostró disconforme al no poder tratar, como a él le gustaría, temáticas brasileñas. Dejó la empresa a fines de 1951 para montar su propio estudio, Kino Filmes. Dirigió su primera película brasileña en 1952, Simão, o Caolho, a la cual siguieron O Canto do Mar (1953), mezcla de documental y ficción que retrataba la miseria en la que vivía parte de la población de Pernambuco, y Mulher de Verdade (1954).
En 1952, escribió el libro Filme e Realidade. Criticado por su ideología de izquierda y disconforme con el marasmo de la vida cultural brasileña, volvió a Europa, donde dirigió O Senhor Puntilla e Seu Criado Matti, adaptación de la obra de Brecht. Alberto Cavalcanti se enorgullecía de haber producido únicamente películas de sello social. Trabajó, también, en Italia y en Austria, concluyendo su carrera en la televisión francesa, en los años 70. Falleció en París, en 1982.