domingo, 9 de febrero de 2014

Historia de una princesa Inca en España

 
Se ha estrenado en una cadena de televisión española una miniserie de temática histórica y, con mujeres como protagonistas. En este caso, se trata de un grupo de “colonizadoras” del siglo XVI que viajan a América para desposarse con los españoles establecidos allí durante las guerras de conquista.
Algunos medios han ofrecido titulares como “feminismo y épica”, “una mujer enfrentada a prejuicios de la España del siglo XVI”… No me cabe la menor duda de que muchos verán la serie atraídos por estos titulares.
Yo no he visto el capítulo emitido, y por este motivo no voy a habar de ella.  Pero el hecho de que triunfen estas temáticas deja algo claro: la historia, y en concreto el papel de la mujer en la misma, tienen tirón en los medios.
No me gusta hablar de “historia de las mujeres”, y mucho menos de “historia de género”. Pero me parece interesante que se quiera rescatar a la mujer como protagonista de numerosos sucesos históricos. Y esto me lleva a retomar un tema que me interesó hace tiempo, y queiro compartir.
Se trata de una mujer. Del siglo XVI, y en absoluto convencional. Nada menos que la hija que el conquistador del Perú, Francisco Pizarro, tuvo con una mujer de la nobleza incaica y que, habiendo nacido en Perú, terminó sus días en Castilla. Disfruten recordándola.
El encuentro
Cuando en noviembre de 1532 Pizarro se encontró con Atahualpa en la ciudad andina de Cajamarca, el Imperio de los Incas se encontraba convulsionado por una guerra entre los dos hijos del último gran soberano, Huayna Capac. Y entre los regalos que Atahualpa, en su deseo de ganar para su causa a Pizarro, entrega al conquistador, se encuentra una joven de sangre real, hija del anterior soberano, llamada Quispesisa. Fue bautizada con el nombre de Inés Huaylas, y fruto de su unión con Pizarro nacerían dos ilustres mestizos, Francisca y Gonzalo. El niño murió pronto, pero la niña sobrevivió, y tras el asesinato de su padre, en un Perú que se desangraba por las disputas entre los conquistadores, fue enviada a España donde sería tratada como correspondía a una mujer de sangre real.
Llegada a Castilla y matrimonio con su tío
Tras su desembarco en la Península, el propio Felipe II le escribía preguntándole dónde quería instalarse a vivir. Pero su tío Hernando, hermano de Francisco, tenía ya pensados planes para la joven de diecisiete años, que contaba con una inmensa fortuna. Así, tras una visita de la ilustre mestiza al castillo de la Mota, donde Hernando cumplía condena por el asesinato de  Diego de Almagro, se celebra el matrimonio de Francisca con su tío, ya cincuentón.
No tenemos noticias de que fuera desdichado este matrimonio, del que nacieron cinco hijos, muriendo todos ellos bastante jóvenes, salvo Francisco, el mayor, que contaría entre su progenie con el II Marqués de la Conquista.
Cuando Hernando pudo abandonar el Castillo de la Mota, se traslada el matrimonio a Trujillo. Allí mandan construir el Palacio de la Conquista, magnífico exponente de la arquitectura española del siglo XVI. En el soberbio balcón que hoy asoma a la plaza mayor aún se pueden ver las figuras de los padres de Francisca, y del propio matrimonio formado por Francisca y Hernando. La estatua levantada en honor a Francisco Pizarro contempla hoy desde el centro de la Plaza Mayor las construcciones que enriquecieron la villa de Trujillo a la vuelta de tantas expediciones conquistadoras.
  
         Palacio de la Conquista (siglo XVI) edificado por Hernando Pizarro y
       su mujer Francisca Pizarro, es famoso su balcón de esquina,  así como
                        su enorme escudo y sus buenas rejas de forja.
 
La independencia
Doña Francisca enviudó en 1578, con 44 años y, frente a lo que sería habitual, no se recoge en un convento, sino que vuelve a contraer matrimonio, con un hombre mucho más joven que ella, don Pedro Arias Puertocarrero, hijo del Conde de Puñoenrostro. Se trasladaron a  vivir a la Corte, donde el nuevo marido saldaría muchas de sus deudas gracias a la fortuna de su esposa.
La vida de la primera mestiza del Perú se apagó en Madrid el 30 de mayo de 1598, cuando contaba con 63 años de edad. Una vida intensa, en la que no faltaron amores, dolores,  riqueza, guerra, y sobre todo la conciencia de formar parte como protagonista de una nueva etapa de la historia que se iniciaba precisamente cuando los pueblos europeos y americanos se fundían para crear un mundo mestizo
 
* Artículo de María Saavedra Inaraja, Profesora de Historia de la Universidad CEU, San Pablo
 

martes, 4 de febrero de 2014

La imprenta de Gutemberg y la imprenta de los indios Guaraníes

 
El 3 de febrero se conmemoró el 546 aniversario de la muerte del alemán Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta; la misma que llegó a América en 1536. Ante la falta de esta en la zona del Rio de la Plata, los indios guaraníes fabricaron una imprenta similar en 1700.
¿Cuándo y cómo surgió este invento? Hasta la invención de la imprenta de Gutenberg, los libros y en general cualquier tipo de documento, se preservaban y difundían realizando copias manuscritas que en la mayoría de las ocasiones eran realizadas por monjes. Pero copiar a mano los escritos era una tarea no solo ardua, sino muy lenta.
Existen antecedentes entre los años 440 a.C y 430 a.C por parte de los romanos, quienes utilizaban sellos que imprimían sobre objetos de arcilla. Pero si hablamos de impresión sobre papel, los primeros en buscar una solución al problema fueron los chinos. Tenemos que remontarnos al siglo X, en plena Edad Media para encontrarnos con un aparato en el que se insertaban individualmente letras de barro cocido en una plancha de madera, donde tras entintar dicha plancha, se plasmaban los caracteres elegidos sobre hojas de papel.
Gutenberg intercambió las clásicas tablillas por moldes de madera con todas las letras del alfabeto, que posteriormente rellenó con plomo. Una vez que las letras fueron sujetadas con un soporte móvil de su invención, la resistencia y la rapidez de la impresión lo convirtieron en el invento que revolucionaría el mundo de la cultura al permitir la difusión masiva de la literatura, que hasta entonces, había estado al alcance de unos pocos.
En lo que corresponde al continente americano, la imprenta llega primero a la ciudad de México hacia 1536 o 1537, pues en este último año se imprimió:” La escala espiritual para llegar al cielo”, considerado como el primer libro hecho en ese país.
Luego a América del Sur, llega inicialmente al Perú en 1581; sin embargo en las misiones o reducciones jesuíticas -que eran lugares donde los indios, especialmente guaraníes, eran evangelizados, que estaban situadas geográficamente al sur de Brasil, al norte de Argentina y parte del Paraguay- fue construida una imprenta toda de madera, que funcionaba perfectamente. Los constructores, fueron indios guaraníes, guiados por los padres jesuitas.
Los jesuitas se habían percatado de la enorme habilidad de los indios y les enseñaron una serie de artes y oficios, llegando incluso a formar una orquesta de cámara con instrumentos fabricados por los indígenas, que por supuesto dejaron impresionados a las más altas autoridades españolas y portuguesas.
Es que los indios imitaban todo lo que se les mostraba, y lo hacían a la perfección, guitarras, flautas, y cualquier otra cosa que se les pusiera al frente como ejemplo. Eran impresionantes. Gracias a esta habilidad, las reducciones pudieron contar con la primera imprenta, que fue fundada por los padres Juan Bautista Newmann y José Serrano, quienes con apoyo de los indios, armaron una prensa, fundieron los tipos necesarios y publicaron los primeros libros. Las impresiones se hicieron en las reducciones de Nuestra Señora de Loreto, San Javier y Santa María la Mayor.
Así en el año 1695, el padre Neumann anuncia que “sus indios habían fabricado una imprenta“; posteriormente, el  Padre Furlong lo relata de la siguiente manera: “...valiéndose de maderas de la selva americana y fundiendo tipos de estaño que pudieron haber a las manos, y abriendo láminas que grabaron con singular acierto y maestría, los jesuitas fundaron con la habilidad de los indios guaraníes, la primera imprenta rioplatense.”
Por su parte, el Padre Dobrizhoffer escribía: “que no pocos de ellos [los indígenas] imprimieron libros, y libros de gran volumen, y no solamente en lengua guaraní sino también en lengua latina, y, [...] ellos mismos fundieron con estaño los caracteres o notas tipográficas”.
En esta imprenta los jesuitas publicaron libros en idioma guaraní sobre gramática, catecismo, manuales de oraciones y hasta un diccionario. El primer libro publicado fue el Martirologio Romano en el año 1700; más adelante el Flos Sactorum del padre Pedro Rivadeneyra en edición guaraní, y De la diferencia entre lo temporal y lo eterno del padre Juan Eusebio Nieremberg. Fue muy rica y variada la producción bibliográfica, conservándose todavía la mayoría.
                        
Por ello, la Reducción Guaraní “Nuestra Señora de Loreto”, se considera la cuna de la imprenta en el Río de la Plata puesto que de allí surgieron los tres primeros impresos rioplatenses conocidos (bien llamados incunables)
Por supuesto que después de todo esto, la imprenta de Gutenberg llego también a estos lugares, pero la primera fue la de los indios guaranís. Y muchos de los textos allí publicados, todavía pueden ser vistos en museos de la zona.