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viernes, 8 de junio de 2012

Paraguayo Luis Alberto del Paraná... La voz de la Cordillera

           
Luis Alberto del Paraná nació en Altos, departamento de Cordillera, de Paraguay el 21 de junio 1926, su nombre real era Luis Osmer Meza. Fue hijo de José Domingo Encina Gonzáles quien era maestro rural, y de Doña Jacinta Meza.

Luis Alberto del Parana -nombre artístico adoptado en México- Nace para el Arte en 1942, durante el Primer Certamen de los Barrios; ahí sorprendió a todos con su maravilloso timbre de voz. En esa oportunidad representó a Campo Grande, acompañado de Humberto Barúa, y otro nombre mayúsculo de la música paraguaya, el arpista Digno García.
Esa vez, en el viejo cine Rex, el público empezó a asombrarse con aquel jovencito que prestaba el servicio militar, de sonrisa franca y traslucida que los deleitó con sus canciones.
Luis Alberto del Paraná, casado por primera vez con la francesa Lissette Cairoli. Su segundo matrimonio, fue con la bailarina española, Carmen Gonzáles Caballero. Ellos tuvieron dos hijos: Luis Manuel Meza Gonzáles y Carmen Fabiola Meza Gonzáles.
Su voz es requerida en los principales países latinoamericanos por lo que emprende una larga gira y luego al  volver, forma grupo con Digno García y Agustín Barboza tomando el nombre de "TRIO LOS PARAGUAYOS", posteriormente el Trío se disuelve, y Paraná forma otro conjunto de nombre "LOS PARAGUAYOS", esta vez con su hermano Reynaldo meza, Rubito Medina, y el arpista José de los Santos González; grabando enseguida para Philips de Holanda, dos LP's: "Famous Latin American Songs" y "Ambassador of Romance", Inicia así la grabación de más de 500 que de inmediato constituyeron un grán éxito de venta.
A instancias, según parece, del poeta y político, Epifanio Méndez Fleitas. Por decreto del Poder Ejecutivo No.1.736, de fecha 24 de noviembre de 1953, firmado por el Pdte. de la República, Dr. Federico Chávez, y el Ministerio de Hacienda, Dr. Guillermo Enciso Velloso, el Gobierno de la Nación entrega 3.200 dólares, a cada uno de los artistas para difundir la música paraguaya en Europa, en "Misión Cultural Oficial".

El domingo el 15 de septiembre de 1974, a la edad de 48 años,  Luis Alberto del Paraná muere en la ciudad de Londres, en Prembridge Court Hotel. 1er. piso, habitación No.8. Su sepelio constituyó un acontecimiento pocas veces visto en la vida de la Nación paraguaya. La ciudadanía se volcó a las calles, espontáneamente, para atestiguar el último adiós a uno de sus hijos más queridos.
Luis Alberto del Paraná es considerado como  Embajador de la música paraguaya y asimismo, soldado del Arte paraguayo

José María Arguedas, literato indigenista y destacado narrador del siglo XX

   
José María Arguedas Altamirano (Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) fue un escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX.
Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.

En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay.

Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931 a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para estudiar Literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española.

Después de permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo. En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por considerársele comunista.

En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años.

A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68), y profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte, ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que ocasionaría su fallecimiento cuatro días después. Fue galardonado con el Premio Fomento a la Cultura en las áreas de Ciencias Sociales (1958) y Literatura (1959, 1962) y con el Premio Inca Garcilaso de la Vega (1968).

La obra de José María Arguedas

La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende, además de obras de ficción, trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.

Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.

Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado "puro", y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo.

Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con estratos occidentalizados; en segundo lugar, que a la muerte de su madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino.

Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste.

Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. Ya el derrotero de Arguedas está trazado; aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección lírica.

Su primer libro reúne tres cuentos con el título de Agua (1935), que describen aspectos de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada con el empleo de un "lenguaje inventado": sobre una base léxica fundamentalmente española, injerta el ritmo sintáctico del quechua.

En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.

En Yawar fiesta, de 1941, Arguedas plantea un problema de desposesión de tierras que sufren los habitantes de una comunidad. Con esta obra el autor cambia algunas de las reglas de juego de la novela indigenista, al subrayar la dignidad del nativo que ha sabido preservar sus tradiciones a pesar del desprecio de los sectores de poder. Este aspecto triunfal es, de por sí, inusual dentro del canon indigenista, y da la posibilidad de entender el mundo andino como un cuerpo unitario, regido por sus propias leyes, enfrentado al modelo occidentalizado imperante en la costa del Perú.
En Los ríos profundos, de 1958, propone la dimensión autobiográfica como clave interpretativa. En esta obra se nos muestra la formación de su protagonista, Ernesto (que recobra el nombre del niño protagonista de algunos de los relatos de Agua), a través de una serie de pruebas decisivas. Su encuentro con la ciudad de Cuzco, la vida en un colegio, su participación en la revuelta de las mujeres indígenas por la sal y el descubrimiento angustioso del sexo son algunas de las etapas a través de las cuales Ernesto define su visión del mundo. El mundo de los indios asume cada vez más connotaciones míticas, erigiéndose como un antídoto contra la brutalidad que tienen las relaciones humanas entre los blancos.

La novela siguiente, El Sexto, publicada en 1961, representa un paréntesis con respecto al ciclo andino. "El Sexto" es el nombre de la prisión de Lima donde el escritor fue encarcelado en 1937-1938 por la dictadura de Benavides. El infierno carcelario es también una metáfora de la violencia que domina toda la sociedad peruana.

Con Todas las sangres, de 1964, Arguedas reanudó, sobre bases más amplias, la representación del mundo andino. Del relato autobiográfico se pasa a un cuadro general que comprende las transformaciones económicas, sociales y culturales que suceden en la sierra peruana. A través de la historia de una familia de grandes latifundistas, el autor afronta las consecuencias del proceso de modernización que avanza sobre un mundo todavía feudal.
Todas las sangres es un proyecto narrativo de largo aliento y mucho más ambicioso, pues pretende sopesar todos los modelos que se presentan como alternativos para construir y configurar la sociedad peruana. A ello obedece su estructura coral, en la cual se enfrentan el proyecto capitalista, el orden feudal y un boceto de capitalismo nacional. Pero el autor invalida cada uno de ellos, proponiendo como legítimo un modelo social comunitario que no desdeña, empero, la modernización. Todas las sangres eleva el problema indígena a problema nacional, e incluso le brinda un tinte universal, en la medida en que el conflicto expresado en la novela corresponde ya en ese momento al llamado Tercer Mundo.

La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, que se publicó póstuma en 1971, quedó inacabada por el suicidio del escritor. Los capítulos que consiguió escribir están ambientados en Chimbote, un puerto pesquero del norte, que sufre un desarrollo impetuoso y caótico. El autor alterna la representación dramática de los costes humanos de este crecimiento, especialmente la pérdida de identidad cultural de los indios trasplantados a la ciudad, con apuntes de diario, de los cuales emerge la decisión, cada vez más inexorable, de suicidarse.

La imagen literaria de Arguedas se completa también con sus Relatos completos, reunidos en 1975, y con importantes investigaciones antropológicas y folclóricas, además de su producción poética en lengua quechua.

martes, 8 de mayo de 2012

¿De donde aparecieron tantos "comunistas de ocasión" en América latina?


Ante el exitoso auge de los gobiernos de tendencia izquierdista en América latina, aparecieron de improviso, millares inescrupulosos personajes que ahora dicen ser comunistas, con la única finalidad de sacar provecho de esa coyuntura política.
Existe un citado que dice “La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares”, una regla que al parecer quieren, o ya lo están poniendo en práctica muchos “comunistas de ocasión” que de un momento a otro comenzaron a aparecer en el ambiente político de América latina. Personas inescrupulosas y aprovechadas que de comunistas no tienen absolutamente nada. Son millares de hombres y mujeres, egoístas y egocéntricas, que pregonan defender un ideal filantrópico en beneficio de su comunidad, cuando en realidad solo tienen en mente llegar a ocupar un importante cargo político, para llenar sus arcas con el dinero del pueblo –Que en muchos casos se mueren de hambre- mientras se ocultan sigilosamente tras el retrato del “Che” Guevara.
El “Che” Guevara no era millonario, pero tampoco estaba en la ruina, era un medico hijo de una honorable familia argentina, un estudiante de medicina, que en sus viajes por América latina descubrió los golpes propinados diariamente por la extrema pobreza a millones de familias sudamericanas; pero también se dio cuenta como disfrutaban aquellos que se aprovecharon de la ignorancia de su pueblo para hacerse ricos. El joven Ernesto Guevara, decidió entrar en la clandestinidad, y abandonó todo para formar parte de un grupo guerrillero con la convicción de que de esa forma lograría derrumbar esos regímenes desiguales y abusivos.
Desde que tomo esa decisión, se acabaron para él las fiestas en los elegantes salones, los fines de semana de futbol, los alegres paseos en la playa, y muchas, muchas formas de disfrutar la vida, como lo hace cualquier otro muchacho de su edad. Nos preguntamos: ¿Qué obligo a este joven a tomar esta inusual decisión?... la respuesta no es otra que UN IDEAL, que no era otro que de luchar por la justicia social de los pueblos de América. Posteriormente, cuando al lado de Fidel castro derrumbó el régimen de Batista, el “Che” obtuvo un altísimo cargo político en la isla que le hubiera permitido vivir tranquilamente; sin embargo renunció a ello y volvió a formar otra escuadra guerrillera y continuó luchando por su ideal hasta que encontró la muerte.
Aquí no vamos a discutir si la actitud guerrillera del Che estuvo bien o mal, si estaba cierto o errado, no; aquí estamos viendo la ejemplar convicción de una persona que abraza algún tipo de ideología política. Digo ejemplar en el sentido de ser honesto y consecuente con sus decisiones, con su pensamiento, consigo mismo. Vuelvo preguntarme: ¿Serán así esos infundados “camaradas” que enarbolan banderas de justicia, que recitan a Martí, que viajan a Cuba y se toman fotos en la plaza de la revolución solo para demostrar que son los nuevos abanderados del Che?
Que van a ser así; ellos en realidad son un bando de sinvergüenzas que jamás formaron parte de ningún movimiento social, sindical o popular. Sinvergüenzas acostumbrados a la buena vida y al solas esparcimiento. Egoístas individualistas que solo piensan en ellos y en su similar entorno, personas que jamás ayudaron a nadie que estaba en desventaja económica, social o moral. Sinvergüenzas que se dicen comunistas pero que disfrutan de todas las comodidades en sus casas y que tratan mal, con desprecio y explotan a sus empleados. Eso no es ser comunista. Eso son estafadores; son lobos disfrazados de corderos, que solo piensan lucrarse, con el dinero del pueblo, de ese pueblo al que tratarán de convencer para que vote por ellos.
¡Viva la revolución!, -¿Cuál revolución?... De que revolución hablan esos cretinos, si ya no hay revolución, ahora nuestros robustecidos sistemas de gobierno están hablando de igual a igual vía diplomática con las “ex grandes potencias”. Sudamérica es potencia ahora, tenemos varios Premios Nobel, deportistas campeones del mundo, medallistas olímpicos, connotados intelectuales, escritores, cineastas y económicamente somos grandes productores agrícolas y de materia prima que el mundo requiere. Hoy Sudamérica esta unida, abrió sus fronteras para sus hermanos del continente, ya no existen más guerras entre los sudamericanos o sea las ex grandes potencias ya no tienen a quien vender sus armas de muerte entre otras cosas más.
Sudamérica ya no necesita de más comunistas, Sudamérica requiere ahora de personas que ayuden a sus hermanos a trabajar y a compartir equitativamente de las riquezas que vienen cumulando poco a poco los países de este continente.
Lo que deberían entender estos oportunistas; es que los verdaderos comunistas latinoamericanos, son conocidos, reconocidos y no necesitan carta de presentación para ello.
Camaradas… !Viva la revolución!... ¿Cuales son tus camaradas; de que revolución me hablas naufrago?  Estoy seguro que si mi dilecto amigo argentino (del Barrio de Boca) Carlitos Ferretti escucha esas tonterías, les respondería con su potente voz:
   -Che, dejáte de pavadas y ponéte a trabajar que ya me tenés
     hinchadas las pelotas con las boludeces que decís…. Andááááá.




jueves, 26 de abril de 2012

Desde que la mujer salió del hogar; el mundo se vino abajo.

     

No se trata de “machismo” solamente es el rol biológico que tenemos los seres humanos. Los hombres y las mujeres son seres muy similares, pero diferentes. El jamás será ella; tampoco ella nunca será él.
Y no se diferencian únicamente por el sexo sino que está comprobado que son diferentes orgánica y psicológicamente. De tal forma que por naturaleza la mujer, al igual como cualquier animal racional o irracional es quien debe parir y criar a sus pequeños  hasta que ellos puedan enfrentar la vida-así ella no lo quiera-. Precisamente por lo que el hombre y la mujer son dos mundos distintos y opuestos, es que se atraen y se complementan.

Pero que sucedió ahora; la mujer declinó a su rol biológico natural, para apartarse del hogar a fin de ayudar o sustentar a su familia económicamente ¿y que sucedió? El mundo se vino abajo. Imagínense, es como que la leona deja a sus críos a los cuidados de unas cebras, la gallina se las deja a una pata, los hijos de la jirafa los cría una elefanta o los críos de unos ovejas se quedan al cuidado de doña leona. Así igual sucede en la actualidad, la mujer dejó a sus hijos que los crie otra persona.

 ¿Y que esta aconteciendo?

Un estudio  reveló que en el mundo 2,6 millones de jóvenes mueren a lo largo de sus dos primeras décadas de vida; por suicidios,  actos violentos, alcohol, drogas, o accidentes de transito; en cuanto otros cientos de miles están en las cárceles o deambulan por las calles victimas de otros flagelos sociales.
Sexo desenfrenado, drogas, alcohol, abandono escolar, niños trabajando, mendigando en las esquinas, haciendo malabares en los semáforos para conseguir unas monedas, jovencitas que aprendieron a sacarle provecho económico a su belleza atrayendo “viejos verdes” para sacarles dinero o en las puertas de las discotecas prostituyéndose; el resultado, millones de infectados con letales enfermedades venéreas, niñas madres solteras, violadas y abandonadas, jóvenes asaltando, matando, drogándose, cumpliendo condena o en lo peor de los casos, muertos.

Lo que viene aconteciendo con las nuevas generaciones, es lamentable, sin embargo, no sorprende enterarnos por medio de las noticias policiales que “los asesinos no superaban los 18 años”, o que los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes entre 14 o 16 años de edad.
Sin embargo este caos generacional, ya había sido predestinado hace muchos años por el vigésimo sexto presidente de Estados Unidos, Theodoro Roosevelt, mediante unas proféticas palabras “El trabajo del hogar es fundamental para la humanidad. [...] Si la madre no cumple con su deber, no habrá una próxima generación, o si la hay, desearemos que no la hubiera habido.”
Hoy ya estamos lamentándonos de las suicidas actitudes de millones de nuestros jóvenes. Pero también está comprobado que desde que la mujer, salió del hogar en busca de superación, o para ayudar al marido, todo…todo se vino abajo.
Ahora vemos que las mujeres son presidentes, ministras, directoras de importantes instituciones, jueces, policías y están realizando miles de labores  y lo hacen muy bien, son exitosas lideresas, conducen la economía mejor que los hombres etc. etc. etc. ellas conocen perfectamente todo lo relacionado a su trabajo, saben lidiar con los más difíciles casos laborales, pero desconocen que esta sucediendo en su hogar, no saben donde andan sus hijas, a que se dedican sus hijos, donde comieron, que comieron, como van en la escuela o la universidad, o con que clase de amistades se están relacionando.
      (Getty)
No se trata de machismo, es la ley de la vida, así como las aves vuelan, los peces nadan; la labor de la madre es parte de este ecosistema humano, al igual que la leona, la tigresa o la mamá cocodrilo que no dejan de ser fieras mientras preparan a su pequeños para que enfrenten la vida. Es que eso, es algo natural; esas fieras saben instintivamente que deben dedicarles a sus críos el tiempo necesario para soltarlos al mundo, de lo contrario, la especie se acabaría rápidamente, pues los pequeños estarían expuestos a miles de peligros y no sabrían defenderse.
En los seres humanos está ocurriendo eso, la madre dejo en el “nido” a sus hijos, para que aprendan a caminar solos y cuando lo logran, lo hacen sin rumbo, por lo que son atraídos rápidamente por el primer malandro(a) que los encuentra desprevenidos.
Las mujeres manifiestan; son otros tiempos, las tareas del hogar también deben hacerlas los hombres etc. Por naturaleza, entre los animales, son las hembras quienes crían a sus hijos, entre los animales racionales, el hombre es más apegado a sus hijos, sin embargo, esto no garantiza una correcta educación dentro del hogar. La mujer jamás podrá escapar de este rol que le dio la naturaleza, de lo contrario estaremos dispuestos a sufrir las predicciones de Roosevelt.

Pero ahora ellas se resisten, quieren cambiar el mundo y lo están haciendo a costa de su hogar, compiten con los hombres en las diferentes tareas y que consiguieron con ello. Un hogar inestable, con hombres que abandonaron sus deberes de padres, con hijos que aparecen y desaparecen por semanas; Aunque ahora muchas mamás están más tranquilas por que los enamorados de sus hijas ya no las llevan a un motel (ahora la “nena” duermen con su enamorado en su propio cuarto con o sin consentimiento). Y los padres… cada uno por su lado y muchas veces haciendo cosas que les impiden moralmente llamarles la atención a sus hijos cuando estos hacen algo indebido.


Que hacer al respecto?... es difícil saber que hacer. El problema no es lo que actualmente hace la mujer; el problema es quien la remplaza en el hogar; por que el hombre jamás podrá substituir a una madre en el hogar; el hombre podrá realizar todas las tareas de casa, quizá hasta lo hará mejor, pero nunca como la mamá.
 
Lo que si es indudable; es que: “Cuando una madre está dentro de un hogar, da la sensación que Dios y sus ángeles también están junto a ella, dándonos paz y bendiciones a todos nosotros”.

Tras las huellas del libertador José de San Martín

    


Buscando explicaciones para las interrogantes que me acucian desde mi época escolar, pero sobre todo tratando de cumplir un antiguo anhelo, llegué a Yapeyú (“fruto maduro” en Guarani) pasado el medio día bajo una ligera lluvia que atenuó el caluroso ambiente.

Al cruzar el arco que simboliza la puerta de entrada al histórico pueblo mi emoción aumentó; había llegado a la cuna del General José de San Martín. El ómnibus en que viajábamos tuvo tiempo aún para recorrer parte de la localidad compuesta por casonas antiguas pero bien arregladas entre las cuales se destacan algunas casas más modernas.

Aplacada la llovizna caminé por sus calles anchas y bien enmarcadas, aunque la mayoría sin asfaltar donde pude sentir la apacibilidad de la vegetación, las flores y los árboles frutales que rodean esta localidad donde sus habitantes disfrutan el privilegio de carecer de agitados lugares de esparcimiento, supermercados, bares o bulliciosas discotecas. Es decir, un lugar placentero, de tierra roja, de gente hospitalaria y orgullosa de su historia.
      
                  El letrero que indica el rumbo a la casa del Libertador


Este pueblo fue fundado en 1627 a orillas del río Uruguay con el nombre de “Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú” y formó parte de las 30 Misiones o Reducciones guaranies creadas por jesuitas en el siglo XVII para albergar y evangelizar a los nativos. Experiencia que duró hasta 1768 cuando los miembros de esa orden fueron expulsados de los dominios de la corona española, dejando a los indígenas a merced de aquellos que se dedicaban a la búsqueda y venta de esclavos.     
          
En el año 1774 se designa al mayor Juan de San Martín, natural de España, como gobernador de Yapeyú, donde llega con su esposa y sus tres hijos. En ese lugar nace en 1776 su hijo Justo Rufino y el 25 de febrero de 1778 su quinto hijo José Francisco de San Martín, quien sería el libertador de tres naciones.
      
                    El Cuartel de los Granaderos a Caballo de Yapeyú
                         fundado por el general José San Martín


En mi recorrido por ese rincón de América donde el tiempo parece haberse detenido, pude percibir además la mezcla de lo ancestral y virreinal en medio de una discreta modernidad; una combinación que se empezó a matizar desde que Yapeyú iniciara su reconstrucción, después que en el año 1817 un ejército portugués tratando de ampliar sus fronteras saqueara e incendiara los pueblos de la parte occidental del río Uruguay.

Por la noche, tuve la oportunidad de disfrutar de la serenidad que solo se puede percibir en lugares alejados de las grandes metrópolis y al día siguiente bajo un esplendoroso sol, me puse en marcha hacia las ruinas de la casa donde nació el Libertador, la que se encuentra dentro de un palacete resguardado por miembros de los “Granaderos a Caballo”, escuadra fundada en Yapeyú por el mismo San Martín. En ese lugar se encuentra además la urna que guarda los restos de los padres del Libertador.

      
             Las ruinas de la casa de Yapeyú, donde nació San Martín


En mi recorrido por el pueblo encontré el retoño de la famosa higuera donde solía jugar San Martín de pequeño, restos de la reducción jesuita, la iglesia, el monumento a la madre del libertador y me sorprendió encontrar un arco a medio construir como monumento a los caídos en la guerra de las Malvinas. Visité también el cuartel de los Granaderos a caballo donde funciona un museo que guarda gloriosos uniformes, espadas, documentos y muchas cosas importantes, de donde me lleve como recuerdo unas viejas herraduras de uno de los caballos de ese histórico reducto.
      
                  Un oficial del ejército argentino me da de presente las
                  herraduras de uno de los caballos de los granaderos,
                                       de ese glorioso cuartel.

Así, después de visitar las ruinas de una Iglesia jesuita del siglo XVIII, conocer su anfiteatro, admirar la imagen de Su patrono San Martín de Tours, en la iglesia principal y hacer muchas amistades; retorne de Argentina atiborrado de fotografías, documentos, herraduras, piedras y tierra de Yapeyú que guardo celosamente en pequeñas urnas ubicadas sobre uno de los estantes de mi humilde oficina periodística aquí en Porto Alegre; objetos que estoy seguro tienen impregnados algo de la energía que fluía en el entorno del niño José Francisco cuando jugaba y correteaba con niños guaranies y que llenaron su espíritu de honor, justicia y patriotismo, pilares de la epopeya para la libertad de Argentina, Chile y Perú.
En Yapeyú, respirando sus aires de libertad, me sentí más peruano, más latinoamericano, más orgulloso de mi historia y del coraje de nuestros pueblos.
Solo ruego a Dios, me permita volver algún día.

               

Revolucionario, Emiliano Zapata; héroe nacional de México


 

Emiliano Zapata, el más importante líder de la revolución mexicana de 2010, que luchó contra la dictadura de Porfirio Díaz; es el ilustre personaje que presentamos esta vez a nuestros respetados lectores.

Emiliano Zapata Salazar nació en San Miguel Anenecuilco, municipio de Ayala, en el estado de Morelos, el día  8 de agosto de 1879. Fue hijo de Gabriel Zapata y de Cleofas Salazar, y formó parte de una familia  campesina.
Su infancia se desarrolló a la par del latifundismo porfirista en Morelos. Realizó sus primeros estudios con el profesor Emilio Vera, quién había sido un viejo soldado juarista. Pronto trabajó como labrador y arriero. En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla, para discutir la forma de defender frente a los hacendados vecinos sus tierras del pueblo. Su rebeldía lo condenó a la leva: en 1908, Zapata quedó incorporado al 9°. Regimiento de Caballería, en Cuernavaca. Se dice que el pretexto que se usó para su incorporación al ejército fue el hecho de que había raptado a una jovencita, ya que Zapata era conocido por ser un hombre muy enamoradizo. La acusación la puso el padre  de Inés Alfaro Aguilar, joven  con quien tiempo después Zapata tendría dos hijos: Nicolás y Elena Zapata Aguilar. En la fotografía en la que Zapata y Villa aparecen sentados en la silla presidencial, el niño más pequeño que se asoma es Nicolás. Después el 20 de agosto de 1911 contrajo matrimonio con la señorita Josefa Espejo Sánchez conocida como “La Generala” con quien tuvo dos hijos el primero tuvo por nombre Felipe; éste nació en el cerro El Jilguero y murió a la edad de cinco años en uno de los tantos refugios que como familia tuvieron. Su muerte fue trágica ya que no fue fácil evadir los peligros del monte y menos aún para un pequeño a quien el juego  se apetece en cualquier lugar. Felipe fue mordido por una víbora de cascabel y su salvación resultó prácticamente imposible. La segunda hija fue Josefa; ella nació el Tlaltizapán y su suerte no fue distinta a la de su hermano: su muerte resultó por la picadura de alacrán, su vida culminó un año antes que la de Felipe; de esta forma Josefa quedó sin hijos en poco tiempo. Sin embargo, Zapata tuvo más hijos, y de ellos a la fecha vive una: Ana María Zapata, hija de Petra P. Torres. Emiliano Zapata es asignado como caballerango de Pablo Escandón, Jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz, y más tarde, en el mismo puesto, al mando de Ignacio de la Torre, yerno de Díaz, quién le tomaría especial afecto por su destreza con los caballos.
En septiembre de 1909 Emiliano Zapata fue electo presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco, donde empezaría a analizar los documentos que acreditaban los derechos de los pueblos a sus tierras y se convertiría, de esa manera, en dirigente agrario de Morelos, su estado natal. Su primera aparición política ajena a su mundo campesino fue en las elecciones para gobernador de Morelos en 1909, cuando apoyó al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas, Pablo Escandón y Barrón.
En el mes de mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de Villa de Ayala, que eran protegidas por el jefe de policía José A. Vivanco y que dejó en posesión de los campesinos del lugar. Por este hecho tuvo que escapar varias veces del gobierno, pues fue declarado bandolero. Después de haber recuperado las tierras, las dejó en posesión de todos los campesinos de aquel lugar. Algunos meses después participó en la reunión que se celebró en ese mismo lugar, es decir, en Villa de Ayala, con objeto de discutir lo que después se convertiría en el Plan de Ayala.
La Revolución Maderista y el Plan de Ayala
A finales de ese mismo año, Pablo Torres Burgos fue enviado a Estados Unidos por Emiliano Zapata para que se pudiera entrevistar con Francisco I. Madero. El resultado de esta entrevista fue la decisión de tomar las armas por Emiliano Zapata y otros 72 campesinos y con Juan Moreno, Rafael Moreno, Maurilio Mejia y José Vergara. Esto lo hicieron el día 10 de marzo de 1911, cuando proclamaron el Plan de San Luis. Se dirigió hacia el sur, pues ya era perseguido por Aureliano Blanquet y su batallón de soldados. En este período del movimiento zapatista sobresalen las batallas de Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango, así como la muerte del zapatista y antiguo líder del movimiento suriano, Pablo Torres Burgos, que incluso precedió al mismo Emiliano. A la muerte del mismo, Emiliano Zapata es elegido, por la junta revolucionaria del sur en 1911, nuevo jefe revolucionario-maderista del sur. Las reivindicaciones zapatistas contenidas en el Plan de Ayala, que suponían una reforma agraria radical (La tierra es de quien la trabaja), fueron inaceptables para los sucesores de Porfirio Díaz. Lo mismo se puede decir de Francisco León de la Barra quien, haciendo uso de su facultad de presidente, encabezó diversos enfrentamientos políticos y armados con el jefe suriano, e incluso del mismo Francisco I. Madero.
Zapata se negó a desarmar a sus tropas, según lo acordado por los Tratados de Ciudad Juárez, sin que antes se realizara el reparto de las haciendas del Estado. Esto dio lugar a que Francisco León de la Barra, presidente interno, lo considerara bandido y rebelde, mandando fuerzas a perseguirlo. Mil hombres bajo el mando de los generales Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet fueron enviados a combatirlo. Para agosto del citado año de 1911, Francisco I. Madero quedó de entrevistarse con Emiliano Zapata en Yautepec para buscar una solución pacífica en el conflicto suriano, con el fin de convencerlo de que licenciara sus tropas, al tiempo que Zapata era fuertemente criticado por la prensa conservadora del país. En la reunión no se logró ningún acuerdo, dicho por Madero, pues el mismo estaba convencido de que no podía acordar el previo reparto agrario. El gobierno federal reiteró su decisión de imponer el orden por la violencia, y Zapata se desplegó con sus tropas a los límites entre Guerrero y Puebla, escondiéndose del gobierno y generando emboscadas a pequeños contingentes federales. Cabe destacar que durante ese lapso Zapata se casó formalmente con Josefa Espejo. El padrino de la boda fue el propio Francisco I. Madero.
El 25 de noviembre de 1911 Zapata lanzó el Plan de Ayala, redactado por Otilio E. Montaño, documento que se convertiría en su estandarte y en el fiel ejemplo de la ideología de los campesinos morelenses. En él se exigía la redención de los indígenas y la repartición de los latifundios otorgados durante el porfiriato. Se desconocía a Francisco I. Madero como presidente y se reconocía a Pascual Orozco como jefe legítimo de la Revolución Mexicana. Además, el documento postulaba que, en vista de que no se había cumplido con lo que se le había prometido al campesinado, la lucha armada era el único medio para obtener justicia.
Durante 1912, Emiliano Zapata combatió al Ejército Federal que, al mando de los generales Arnoldo Casso López, Juvencio Robles y Felipe Ángeles, buscaba la pacificación en los estados del sur. Los zapatistas buscaron defenderse y lo hicieron “brutalmente”, según la versión del Ejército Federal: en las narraciones de los ataques zapatistas son comunes las referencias a asaltos, incendios, violaciones, etcétera. Lo cierto es que dichas narraciones eran alteradas para justificar los desastres cometidos por los miembros del Ejército Federal. En ese año sobresalen los ataques a Tepalcingo, Yautepec, Cuautla y Cuernavaca, aunque debe afirmarse que en ese entonces el movimiento zapatista era muy débil, tanto en el ámbito político como en la rama militar, sobre todo cuando la campaña del gobierno maderista contra los sublevados surianos quedó a cargo del general Felipe Ángeles. Por sus métodos civilizados y tolerantes, le restaban bases al zapatismo, pues Ángeles simpatizaba con ellos.
La Lucha en el Sur a la Muerte de Madero
Tras el asesinato de Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se exacerbó y Zapata fue uno de los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo importantes reformas en Morelos. Posteriormente, estas posturas lo opusieron al nuevo presidente (Venustiano Carranza). Una vez en el poder, Victoriano Huerta envió una comisión encabezada por el padre de Pascual Orozco, Pascual Orozco (Padre) a pactar la paz con Emiliano Zapata. Esto le facilitaría tener un frente menos de guerra en el país. Éste, que contaba ahora con el dominio de Morelos y parte del Estado de México, del estado de Guerrero, de Puebla y de Tlaxcala, se negó a pactar con aquellos a quienes él llamó “asesinos de Madero”. Fusiló al emisario de Huerta, envió una carta al general Félix Díaz, repudiando al gobierno de Huerta y, para el mes de mayo de ese mismo año, reformó su Plan de Ayala, declarando que Victoriano Huerta era indigno de la presidencia del país. A Pascual Orozco se le retiró el cargo de Jefe de la Revolución. Zapata quedó entonces como único jefe del Ejército Libertador del Sur. Sin embargo, es preciso consignar que el hecho de reconocer el Plan de Ayala implicaba el no reconocimiento del Plan de Guadalupe, convirtiendo a Zapata, a Francisco Villa, a Álvaro Obregón y a Pablo González Garza, todos ellos en encarnizadas batallas en el norte del país, en luchadores de una causa aislada.
En los primeros meses de 1914, Zapata tomó Jonacatepec y Chilpancingo, y ese mismo año su ejército constaba ya de 27,000 hombres, por lo que para abril ya había controlado por completo el estado de Morelos y algunos lugares de Guerrero. Poco después conquistó Cuernavaca y para junio se acercó a la Ciudad de México, ocupando Cuajimalpa, Xochimilco y Milpa Alta, amagando a esta ciudad. Sin embargo, las fuerzas constitucionalistas les cerraron el paso, al ocupar la Ciudad de México antes que las propias zapatistas, las cuales se encontraban más cerca. En septiembre, Venustiano Carranza envió a Juan Sarabia, a Antonio I. Villarreal y a Luis Cabrera a conferenciar con Emiliano Zapata, pero nuevamente el caudillo suriano exigió la renuncia de Venustiano Carranza al Poder Ejecutivo, y el reconocimiento del Plan de Ayala. Los emisarios, como toda respuesta, abandonaron su campamento y el estado, pues Carranza rechazó rotundamente sus peticiones, calificándolas de “inadecuadas”.
El Gobierno Convencionista
En ese mismo mes, Emiliano Zapata, desde su cuartel general de Cuernavaca, promulgó la entrega de tierras a los pueblos. Invitado por varios delegados de la Convención de Aguascalientes, en la que los tres grupos más importantes que participaron en la Revolución Mexicana intentaron dirimir sus diferencias, Zapata no fue en persona al citado evento, pero envió a una comisión, integrada por Antonio Díaz Soto y Gama (quién protagonizo el Incidente de La Bandera), Leobardo Galván, Paulino Martínez, Manuel J. Santibáñez y Manuel Uriarte, quienes quedaron en calidad de observadores hasta que la Convención optó por desconocer a Venustiano Carranza. Así pues, Emiliano Zapata se unió con Francisco Villa y ambos reconocieron a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México, no así el encabezado por Venustiano Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra civil. A finales de noviembre, la poderosa División del Norte y el Ejército Libertador del Sur entraron en la Ciudad de México, alcanzando así fama nacional el movimiento zapatista como la otra cara de la moneda entre los campesinos surianos y los del norte. En su estancia en la capital, las tropas tuvieron una actitud más que pacífica: obtuvieron recursos mediante limosnas y evitaron los robos y asaltos de algunos bandidos que ensuciaban su nombre haciéndose llamar zapatistas. El 4 de diciembre de ese año Villa y Zapata tuvieron la célebre entrevista de Xochimilco, lográndose una alianza militar entre ambos ejércitos. Villa aceptó en cambio el Plan de Ayala, a excepción de sus acusaciones a Francisco I. Madero, quién había sido su redentor y se obligó a dar armas a Zapata.
Concretados estos acuerdos, Emiliano Zapata partió rumbo a Amecameca y tomó Puebla el 17 de diciembre de 1914, aunque en los primeros días de enero la plaza le fue arrebatada por las fuerzas del general Álvaro Obregón. Éste habría de dedicar sus mayores esfuerzos para combatir al poderoso ejército villista, dando lugar a que durante 1915 Morelos fuera gobernado por los campesinos levantados en armas, asesorados por los intelectuales de la lucha suriana. En 1916, una vez que Venustiano Carranza se había instalado en la Ciudad de México y que Francisco Villa hubiera sufrido serias derrotas por parte del ejército de Álvaro Obregón, Carranza dispuso la ofensiva contra el zapatismo, al mando de Pablo González Garza. Con apoyo incluso de la aviación del ejército, Cuernavaca fue ocupada por los constitucionalistas en mayo y, aunque regresó efímeramente a manos de los zapatistas, quedó definitivamente en su poder el 8 de diciembre de ese mismo año. Ante la carencia de armas y ya sin el apoyo villista, en muy poco tiempo casi todas las poblaciones del estado quedaron en poder de los constitucionalistas. En 1917, Zapata, lanzando una contraofensiva, reconquistó Jonacatepec, Yautepec, Cuautla, Miahuatlán, Tecala y Cuernavaca.
En marzo expidió la ley administrativa para el estado, reabrió escuelas, creó instituciones para reiniciar la producción de alimentos del campo y continuó la guerrilla en zonas periféricas y de frontera. Sin embargo, en octubre del mismo año entró a Morelos el general Pablo González Garza, apoderándose del territorio. Para 1918, Emiliano Zapata era, al igual que Francisco Villa lo sería en 1920, un guerrillero con poco futuro, pues ante las constantes batallas y lo escaso de las municiones, la muerte de los cabecillas y la ley agraria de Carranza, que apaciguó la causa suriana, su movimiento, indudable manifestación del descontento campesino, no llegó a consolidarse como una verdadera organización político-militar. Siendo una rebelión de masas campesinas, se limitó a realizar su guerra de guerrillas a partir de 1918.
 La guerra por parte del gobierno tomó perfiles despiadados. El gonzalista Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919, pero Zapata murió preso de una emboscada. No pocos condenaron el procedimiento. Además, esto dio lugar a que, una vez muerto, Zapata se convirtiera en el Apóstol de la Revolución y símbolo de los campesinos desposeídos. El movimiento continuó, aunque en franco declive, y los zapatistas acordaron nombrar a Gilbardo Magaña Cerda jefe del Ejército Libertador del Sur. Él sería el último: casi un año después, los antiguos compañeros de Zapata se integrarían al gobierno aguaprietista, y uno a uno serían asesinados por el mismo gobierno mientras trabajaban para la misma institución.
Los seguidores de Emiliano Zapata reciben desde entonces el nombre genérico de zapatistas, aunque es muy importante hacer la distinción entre los zapatistas de tiempos de la Revolución Mexicana y los actuales zapatistas del sur de México.
Hace algún tiempo, se publicó un texto que cuestiona la versión oficial de la muerte de Zapata en la Hacienda de Chinameca. Hasta la fecha no ha habido una respuesta pública, con argumentos, ni siquiera de historiadores profesionales, que refute este cuestionamiento a la versión oficial. Sin embargo, ha provocado la molestia de quienes lo publicaron, porque les dicen que distorsionan la redacción de este punto, al parecer por la incapacidad de argumentar.
Zapata es el autor de las famosas frases «Es mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado» y «el que quiera ser aguila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen

sábado, 24 de marzo de 2012

Ayrton Senna , con eficiencia y honestidad fue tres veces campeón mundial de Formula 1

    
Esta vez nuestro personaje es; el piloto Brasileño de Formula 1, Ayrton Senna da Silva que fuera tres veces campeón mundial, además de otros premios mas, por lo que se lo reconoce como uno de los mayores nombres del deporte brasileño.
En 1994, el Programa Brasileño de Calidad y Productividad realizó un sondeo de opinión para responder a preguntas tales como: ¿Cuál Brasil dio de hecho resultado? ¿De qué deberíamos orgullecernos? Las respuestas mostraron que la mayoría reconocía que Ayrton Senna era una persona con un altísimo grado de eficiencia y de honestidad, además de tener un sentido de ciudadanía y de amor por la patria, o sea, capaz de representar bien su país ante el mundo. Cuando Ayrton manejaba empuñando la bandera verde y amarilla, millones de brasileños se sentían orgullosos por aquel joven determinado y con coraje.
Por eso, la muerte de Ayrton provocó una conmoción nacional, y una de las más grandes manifestaciones populares de la historia del país. En Sao Paulo, más de un millón y trescientas mil personas participaron del cortejo fúnebre después que el cuerpo de Ayrton fue  recibido en el aeropuerto, acompañándolo hasta el velorio en la Cámara Legislativa provincial, y, posteriormente, hasta el cementerio del barrio de Morumbi donde está sepultado. Millones de personas acompañaron todo eso por la televisión, en sus casas o en el trabajo, reverenciando, hasta el fin, el mito de un Brasil moderno, ciudadano y señor de la alta tecnología.
Ayrton solía decir que, más que superar a sus competidores, buscaba superarse a sí mismo. Superó sus propios límites. Era solidario. Deseaba ayudar a niños y a jóvenes pobres para que conquistaran una vida mejor. Fue así que le pidió a la hermana, Viviane, que lo ayudara a encontrar un camino. Pero de completar ese sueño murió trágicamente. La familia fundó el Instituto Ayrton Senna, que hoy ayuda a millares de niños y jóvenes brasileños con los royalties recaudados por la venta de productos de la marca Ayrton Senna en todo el mundo.
Nacido en 1960, en Sao Paulo, Ayrton comenzó a correr a los cuatro años con un kart que el padre le había regalado. Fue campeón de las fórmulas 1.600 y 2.000. Luego llegó a la Fórmula 1, obstinado por la perfección. Conocía tanto sus coches que llegó a pedir modificaciones para mejor el desempeño de ellos. Pocos pilotos en Fórmula 1 pudieron establecer una relación tan estrechamente íntima, personal y cercana con sus coches de carreras. Razón por la cual obtuvo diez veces récords de velocidad.
En 1991, en la pista de Interlagos, en Sao Paulo, ya consagrado campeón, corría desafiando el tabú de no vencer en su país. De repente, el carro comenzó a perder las marchas, hasta restarle solo una, la sexta. Tal fue su esfuerzo que, tras vencer, agotado, no consiguió llegar siquiera al box. Tricampeón mundial de la Fórmula 1, en 1988, 1990 y 1991, murió víctima de una falla mecánica el 1º de mayo de 1994, en la curva Tamburello del Autódromo de Imola, Italia. Ayrton dejó un legado:”Vencer es vencerse”.