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lunes, 5 de noviembre de 2012

  
Cuando, en 1939, Carmen Miranda desembarcó en el puerto de Nueva York, era desconocida para el público norteamericano. En un mes, con su gracia, voz y personalidad, conquistó una enorme popularidad.

Todo esto aconteció luego de presentarse en Broadway con su bahiana estilizada. Carmen ya era la mujer más famosa de Brasil, donde hizo carrera en la radio, en el disco y en el cine. Aunque nació en Portugal, era, sin duda, el mayor ícono de la brasilidad. Brasileña era percibida, brasileña se sentía.

Maria do Carmo Miranda da Cunha vino a Brasil con 18 meses. Su padre era barbero y la familia, de seis hijos, vivía modestamente. Estudió en un colegio religioso, en el barrio de Lapa; y al egresar, trabajó como empleada en una tienda de corbatas y ropas femeninas. El éxito vino primero como cantante: la marchita Pra Você Gostar de Mim, batió el récord brasileño de ventas. Entre 1929 y 1935, la Pequeña Notable, grabó 281 músicas, incluyendo Tico-tico no Fubá, O Que é Que a Baiana Tem? y South American Way. No por casualidad, también fue elegida en la Categoría Música.

En 1932, debutó en un documental sobre el Carnaval. Al año siguiente, actuó en Voz do Carnaval, de Cinédia, dirigido por Ademar Gonzaga y Humberto Mauro. Le siguieron Alô, Alô Brasil! (1935) y Alô, Alô Carnaval (1936). En Cantores de Radio, hizo pareja con su hermana Aurora, ambas de frac y sombrero de copa, en una clásica escena. Hizo de la bahiana el traje típico de la brasileña, en 1938, cuando cantó en la película Banana da Terra, forjando la identidad exótica de nuestro país.

Contratada por 20th Century Fox, se fue a Hollywood, donde llegó a ser la segunda estrella mejor pagada, explotando siempre, una envolvente mezcla de gracia e ingenua malicia. En total, actuó en 14 películas americanas, usando un característico peinado, el top, los disfraces, la falda rodada y la sandalia plataforma, para compensar sus 1,53 m de altura. Sus películas más importantes fueron Uma noite no Rio (1931), Aconteceu em Havana (1941), Minha secretária brasileira (1942), Alegria rapazes (1944) y en 1947, con Groucho Marx, Copacabana. En 1954, las presiones de la industria del entretenimiento le provocaron una crisis nerviosa, y la Pequeña Notable retornó a Brasil para descansar.

En Beverly Hills, en agosto de 1955, tuvo un colapso cardíaco y falleció, después de sentirse mal en un programa de televisión. Su cuerpo fue enterrado en Rio de Janeiro, donde una multitud de un millón de personas siguió el cortejo. Múltiple artista, Carmen continúa siendo siempre recordada y homenajeada en shows, obras teatrales, discos y documentales sobre su vida y su arte.

Recordando al destacado músico Heitor Villa-Lobos y sus bachianas brasileiras

         
Heitor Villa-Lobos aprendió muy joven los primeros acordes. A los seis años escuchaba a su tía Zizinha tocar el Clavecín, mientras en las calles de Rio de Janeiro, grupos de músicos amadores tocaban en las noches de fiesta.
Fue hijo de un funcionario de la Biblioteca Nacional y violoncelista amado, por lo que la vida musical en su infancia oscilava, así, entre Bach y las serenatas de los llorones. Cuando perdió al padre, a los 12 años, decidió aprender por cuenta propia a tocar la guitarra y el cavaquinho.
A los 18, contrariando la voluntad de la madre de hacerlo médico, se juntó a los llorones. Como músico ambulante viajó a Espírito Santo, Bahia y Pernambuco. De vuelta a Rio, se inscribió en el Instituto Nacional de Música de Rio de Janeiro, pero sentía “más placer en absorber el folclor que pasaba bajo sus ventanas que oír el raciocinio de los explicadores”.
Después de un nuevo viaje, al norte y al noroeste, donde recogió más de mil temas que utilizaría en su obra, completó su formación autodidacta dedicándose al estudio de los grandes maestros y de los tratados de armonía y orquestación. Se casó con la pianista Lucília Guimarães, tocó violoncelo en las orquestas de los teatros y de los cines cariocas y compuso suites sobre temas infantiles brasileños.
El año de 1915 marcó el inicio de la presentación oficial en Rio de Janeiro, de Villa-Lobos como compositor. Su música provocó la ira en las fuerzas pasadistas. En 1922, enfrentó con sus Danzas Africanas la indignada platea de la Semana de Arte Moderno y compuso dos sinfonías encomendadas por el Gobierno. Al año siguiente, Villa-Lobos embarcó a Francia, no para estudiar o perfeccionarse, sino para conquistar, llevando en el equipaje la inmensa obra ya compuesta.
Cinco años después, volvió a Europa con la batuta en la mano, para regir las principales orquestas del continente y presentarle al mundo os Choros, as Serestas, y a Missa de São Sebastião. Villa-Lobos se preocupaba con el descaso con que la música era tratada en las escuelas brasileñas y acabó por presentarle el revolucionario Plan de Educación Musical al Gobierno de Sao Paulo.
Después de dos años de trabajo, el compositor de Bachianas Brasileiras, fue invitado por Anísio Teixeira a organizar y dirigir la Superintendencia de Educación Musical y Artística, que introducía la enseñanza de Música y el Canto Coral en las escuelas.
Con el apoyo del entonces presidente Getúlio Vargas, organizó concentraciones orfeónicas grandiosas que llegaron a reunir, bajo su regencia, hasta 40 mil escolares. Se presentó por primera vez en Estados Unidos en 1944. En los años siguientes, ya casado con D. Mindinha, realizó innúmeras giras, donde rigió y grabó sus obras, recibió homenajes y encomiendas de nuevas partituras, además de haber entrado en contacto con grandes nombres de la música estadounidense, cerrando, así, el ciclo de su consagración internacional.

Brigadier Eduardo Gomes, patrono de la Fuerza Aérea Brasileña


      
Eduardo Gomes tenía 26 años cuando, en 1922, combatió a tiros las tropas del presidente Epitácio Pessoa, afirmando su posición contra la política viciada y fraudulenta de la República Vieja y se transformó en leyenda del heroísmo de las Fuerzas Armadas y del país.
Nació en Río de Janeiro, hijo de un ex-militar de la Marina. Vivió una infancia pobre, ingresando en la Escuela Militar de Realengo en 1916. Titulado teniente, adhiere al movimiento proveniente de los cuarteles y marca una participación decisiva en la insurrección del Fuerte de Copacabana, episodio que, en 1922, daba inicio al ciclo de insurrecciones tenentistas contra el Gobierno Federal. Cuando las tropas de la presidencia cercaron el local y la mayoría de los revoltosos se rindió, Eduardo Gomes no desistió y enfrentó a los soldados gubernistas. Fue herido y preso. La insurrección entró para la historia como los 18 del Fuerte.
Más tarde, escapó de la prisión y se escondió en el interior del país, asumiendo falsa identidad. En 1924 vuelve a la acción, entonces en Sao Paulo, utilizando su formación aeronáutica para hacerse responsable por el bombardeo de cuarteles y edificios públicos en la ciudad. Perseguido por las tropas del gobierno, rumba al Sur, pero antes de poder juntarse al grupo liderado por Luís Carlos Prestes, es nuevamente detenido, siendo suelto en 1926. Cuando asume Getúlio Vargas la presidencia de la República, en 1930, Eduardo Gomes renuncia a la promoción conferida a los oficiales revoltosos y se dedica enteramente a la carrera militar. Presta fundamental ayuda para la creación del Correo Aéreo Militar, que daría origen, más tarde, al Correo Aéreo Nacional.

Como comandante del I Regimiento de Aviación participa, en 1935, de la represión a la Intentona Comunista. Dos años después, en contra de la creación del Estado Nuevo, pide exoneración del cargo, pero nunca se desconecta de la Aeronáutica. En 1941 es promovido a brigadero. Durante la Segunda Guerra Mundial participa de la organización y construcción de las Bases Aéreas en el país. Por los servicios a la causa aliada recibe de Estados Unidos, en agosto de 1943, la Comenda de la Legión del Mérito. Con el fin del Estado Nuevo se candidata por la Unión Democrática Nacional (UDN) a presidente, perdiendo para el también militar Gaspar Dutra. “Vote en el brigadero, que es bonito y soltero”, era el slogan de la campaña.
En 1950 concurre nuevamente al cargo, siendo derrotado por Getúlio Vargas. Cuatro años más tarde, llega al Ministerio de Aeronáutica invitado por el presidente Café Filho, volviendo al puesto en 1964, con el golpe militar. Queda en el puesto hasta 1967. Muere en Rio de Janeiro, en 1981. En 1984, es proclamado patrono de la Fuerza Aérea Brasileña tornándose la síntesis del hombre que conjuga, en la figura del militar, la misión del oficial y la creencia del ciudadano.

Alberto Cavalcanti revitalizó la historia del cine brasileño

        
La trayectoria de Alberto Cavalcanti se entrelaza con la historia del cine. Artista y artesano apasionado, hizo de todo: fue escenógrafo, ingeniero de sonido, guionista, montador, director y productor.

Acompañando las grandes rupturas representadas por el paso del cine mudo al de sonido y del cine en blanco y negro al cine en color. Gran experimentador, utilizó sin perjuicios casi todas las tecnologías fílmicas. Trabajó, también, en la televisión y en el teatro y dio clases en la Universidad de California.
Carioca de familia pernambucana, nacido en 1897, Alberto Cavalcanti empezó su carrera en París, donde se especializó en escenografía, luego de estudiar Bellas Artes y Arquitectura en Suiza. Después de trabajar con Marcel L’Herbier y Louis Delluc, dirigió su primera película en 1926, a la cual le siguieron docenas de cortometrajes. Participó de los movimientos de vanguardia franceses en los años 20.

Con el advenimiento del cine hablado fue contratado por Paramount y realizó versiones sonoras, en francés y en portugués, de 21 películas producidas en Hollywood. Sus teorías innovadoras sobre la función de los ruidos y las palabras en la narrativa cinematográfica atrajeron la atención de productores ingleses.
Cavalcanti se mudó a Londres en 1934, donde contribuyó al desarrollo del documental moderno. Durante la guerra, se especializó en largometrajes de ficción, incluyendo un clásico de horror, Na Solidão da Noite, y una adaptación del romance Nicholas Nickleby, de Charles Dickens. Volvió a Brasil a fines de los años 40, luego de haber trabajado en 10 países europeos durante 36 años.

Participó de la creación de Vera Cruz, en São Paulo, fundamental para que el cine nacional diese un salto en la calidad técnica. Después de supervisar la producción de decenas de largometrajes, como Caiçara e Terra é Sempre Terra, se mostró disconforme al no poder tratar, como a él le gustaría, temáticas brasileñas. Dejó la empresa a fines de 1951 para montar su propio estudio, Kino Filmes. Dirigió su primera película brasileña en 1952, Simão, o Caolho, a la cual siguieron O Canto do Mar (1953), mezcla de documental y ficción que retrataba la miseria en la que vivía parte de la población de Pernambuco, y Mulher de Verdade (1954).
En 1952, escribió el libro Filme e Realidade. Criticado por su ideología de izquierda y disconforme con el marasmo de la vida cultural brasileña, volvió a Europa, donde dirigió O Senhor Puntilla e Seu Criado Matti, adaptación de la obra de Brecht. Alberto Cavalcanti se enorgullecía de haber producido únicamente películas de sello social. Trabajó, también, en Italia y en Austria, concluyendo su carrera en la televisión francesa, en los años 70. Falleció en París, en 1982.

viernes, 8 de junio de 2012

Paraguayo Luis Alberto del Paraná... La voz de la Cordillera

           
Luis Alberto del Paraná nació en Altos, departamento de Cordillera, de Paraguay el 21 de junio 1926, su nombre real era Luis Osmer Meza. Fue hijo de José Domingo Encina Gonzáles quien era maestro rural, y de Doña Jacinta Meza.

Luis Alberto del Parana -nombre artístico adoptado en México- Nace para el Arte en 1942, durante el Primer Certamen de los Barrios; ahí sorprendió a todos con su maravilloso timbre de voz. En esa oportunidad representó a Campo Grande, acompañado de Humberto Barúa, y otro nombre mayúsculo de la música paraguaya, el arpista Digno García.
Esa vez, en el viejo cine Rex, el público empezó a asombrarse con aquel jovencito que prestaba el servicio militar, de sonrisa franca y traslucida que los deleitó con sus canciones.
Luis Alberto del Paraná, casado por primera vez con la francesa Lissette Cairoli. Su segundo matrimonio, fue con la bailarina española, Carmen Gonzáles Caballero. Ellos tuvieron dos hijos: Luis Manuel Meza Gonzáles y Carmen Fabiola Meza Gonzáles.
Su voz es requerida en los principales países latinoamericanos por lo que emprende una larga gira y luego al  volver, forma grupo con Digno García y Agustín Barboza tomando el nombre de "TRIO LOS PARAGUAYOS", posteriormente el Trío se disuelve, y Paraná forma otro conjunto de nombre "LOS PARAGUAYOS", esta vez con su hermano Reynaldo meza, Rubito Medina, y el arpista José de los Santos González; grabando enseguida para Philips de Holanda, dos LP's: "Famous Latin American Songs" y "Ambassador of Romance", Inicia así la grabación de más de 500 que de inmediato constituyeron un grán éxito de venta.
A instancias, según parece, del poeta y político, Epifanio Méndez Fleitas. Por decreto del Poder Ejecutivo No.1.736, de fecha 24 de noviembre de 1953, firmado por el Pdte. de la República, Dr. Federico Chávez, y el Ministerio de Hacienda, Dr. Guillermo Enciso Velloso, el Gobierno de la Nación entrega 3.200 dólares, a cada uno de los artistas para difundir la música paraguaya en Europa, en "Misión Cultural Oficial".

El domingo el 15 de septiembre de 1974, a la edad de 48 años,  Luis Alberto del Paraná muere en la ciudad de Londres, en Prembridge Court Hotel. 1er. piso, habitación No.8. Su sepelio constituyó un acontecimiento pocas veces visto en la vida de la Nación paraguaya. La ciudadanía se volcó a las calles, espontáneamente, para atestiguar el último adiós a uno de sus hijos más queridos.
Luis Alberto del Paraná es considerado como  Embajador de la música paraguaya y asimismo, soldado del Arte paraguayo

José María Arguedas, literato indigenista y destacado narrador del siglo XX

   
José María Arguedas Altamirano (Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) fue un escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX.
Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.

En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay.

Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931 a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para estudiar Literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española.

Después de permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo. En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por considerársele comunista.

En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años.

A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68), y profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte, ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que ocasionaría su fallecimiento cuatro días después. Fue galardonado con el Premio Fomento a la Cultura en las áreas de Ciencias Sociales (1958) y Literatura (1959, 1962) y con el Premio Inca Garcilaso de la Vega (1968).

La obra de José María Arguedas

La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende, además de obras de ficción, trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.

Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.

Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado "puro", y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo.

Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con estratos occidentalizados; en segundo lugar, que a la muerte de su madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino.

Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste.

Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. Ya el derrotero de Arguedas está trazado; aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección lírica.

Su primer libro reúne tres cuentos con el título de Agua (1935), que describen aspectos de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada con el empleo de un "lenguaje inventado": sobre una base léxica fundamentalmente española, injerta el ritmo sintáctico del quechua.

En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.

En Yawar fiesta, de 1941, Arguedas plantea un problema de desposesión de tierras que sufren los habitantes de una comunidad. Con esta obra el autor cambia algunas de las reglas de juego de la novela indigenista, al subrayar la dignidad del nativo que ha sabido preservar sus tradiciones a pesar del desprecio de los sectores de poder. Este aspecto triunfal es, de por sí, inusual dentro del canon indigenista, y da la posibilidad de entender el mundo andino como un cuerpo unitario, regido por sus propias leyes, enfrentado al modelo occidentalizado imperante en la costa del Perú.
En Los ríos profundos, de 1958, propone la dimensión autobiográfica como clave interpretativa. En esta obra se nos muestra la formación de su protagonista, Ernesto (que recobra el nombre del niño protagonista de algunos de los relatos de Agua), a través de una serie de pruebas decisivas. Su encuentro con la ciudad de Cuzco, la vida en un colegio, su participación en la revuelta de las mujeres indígenas por la sal y el descubrimiento angustioso del sexo son algunas de las etapas a través de las cuales Ernesto define su visión del mundo. El mundo de los indios asume cada vez más connotaciones míticas, erigiéndose como un antídoto contra la brutalidad que tienen las relaciones humanas entre los blancos.

La novela siguiente, El Sexto, publicada en 1961, representa un paréntesis con respecto al ciclo andino. "El Sexto" es el nombre de la prisión de Lima donde el escritor fue encarcelado en 1937-1938 por la dictadura de Benavides. El infierno carcelario es también una metáfora de la violencia que domina toda la sociedad peruana.

Con Todas las sangres, de 1964, Arguedas reanudó, sobre bases más amplias, la representación del mundo andino. Del relato autobiográfico se pasa a un cuadro general que comprende las transformaciones económicas, sociales y culturales que suceden en la sierra peruana. A través de la historia de una familia de grandes latifundistas, el autor afronta las consecuencias del proceso de modernización que avanza sobre un mundo todavía feudal.
Todas las sangres es un proyecto narrativo de largo aliento y mucho más ambicioso, pues pretende sopesar todos los modelos que se presentan como alternativos para construir y configurar la sociedad peruana. A ello obedece su estructura coral, en la cual se enfrentan el proyecto capitalista, el orden feudal y un boceto de capitalismo nacional. Pero el autor invalida cada uno de ellos, proponiendo como legítimo un modelo social comunitario que no desdeña, empero, la modernización. Todas las sangres eleva el problema indígena a problema nacional, e incluso le brinda un tinte universal, en la medida en que el conflicto expresado en la novela corresponde ya en ese momento al llamado Tercer Mundo.

La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, que se publicó póstuma en 1971, quedó inacabada por el suicidio del escritor. Los capítulos que consiguió escribir están ambientados en Chimbote, un puerto pesquero del norte, que sufre un desarrollo impetuoso y caótico. El autor alterna la representación dramática de los costes humanos de este crecimiento, especialmente la pérdida de identidad cultural de los indios trasplantados a la ciudad, con apuntes de diario, de los cuales emerge la decisión, cada vez más inexorable, de suicidarse.

La imagen literaria de Arguedas se completa también con sus Relatos completos, reunidos en 1975, y con importantes investigaciones antropológicas y folclóricas, además de su producción poética en lengua quechua.

martes, 8 de mayo de 2012

¿De donde aparecieron tantos "comunistas de ocasión" en América latina?


Ante el exitoso auge de los gobiernos de tendencia izquierdista en América latina, aparecieron de improviso, millares inescrupulosos personajes que ahora dicen ser comunistas, con la única finalidad de sacar provecho de esa coyuntura política.
Existe un citado que dice “La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares”, una regla que al parecer quieren, o ya lo están poniendo en práctica muchos “comunistas de ocasión” que de un momento a otro comenzaron a aparecer en el ambiente político de América latina. Personas inescrupulosas y aprovechadas que de comunistas no tienen absolutamente nada. Son millares de hombres y mujeres, egoístas y egocéntricas, que pregonan defender un ideal filantrópico en beneficio de su comunidad, cuando en realidad solo tienen en mente llegar a ocupar un importante cargo político, para llenar sus arcas con el dinero del pueblo –Que en muchos casos se mueren de hambre- mientras se ocultan sigilosamente tras el retrato del “Che” Guevara.
El “Che” Guevara no era millonario, pero tampoco estaba en la ruina, era un medico hijo de una honorable familia argentina, un estudiante de medicina, que en sus viajes por América latina descubrió los golpes propinados diariamente por la extrema pobreza a millones de familias sudamericanas; pero también se dio cuenta como disfrutaban aquellos que se aprovecharon de la ignorancia de su pueblo para hacerse ricos. El joven Ernesto Guevara, decidió entrar en la clandestinidad, y abandonó todo para formar parte de un grupo guerrillero con la convicción de que de esa forma lograría derrumbar esos regímenes desiguales y abusivos.
Desde que tomo esa decisión, se acabaron para él las fiestas en los elegantes salones, los fines de semana de futbol, los alegres paseos en la playa, y muchas, muchas formas de disfrutar la vida, como lo hace cualquier otro muchacho de su edad. Nos preguntamos: ¿Qué obligo a este joven a tomar esta inusual decisión?... la respuesta no es otra que UN IDEAL, que no era otro que de luchar por la justicia social de los pueblos de América. Posteriormente, cuando al lado de Fidel castro derrumbó el régimen de Batista, el “Che” obtuvo un altísimo cargo político en la isla que le hubiera permitido vivir tranquilamente; sin embargo renunció a ello y volvió a formar otra escuadra guerrillera y continuó luchando por su ideal hasta que encontró la muerte.
Aquí no vamos a discutir si la actitud guerrillera del Che estuvo bien o mal, si estaba cierto o errado, no; aquí estamos viendo la ejemplar convicción de una persona que abraza algún tipo de ideología política. Digo ejemplar en el sentido de ser honesto y consecuente con sus decisiones, con su pensamiento, consigo mismo. Vuelvo preguntarme: ¿Serán así esos infundados “camaradas” que enarbolan banderas de justicia, que recitan a Martí, que viajan a Cuba y se toman fotos en la plaza de la revolución solo para demostrar que son los nuevos abanderados del Che?
Que van a ser así; ellos en realidad son un bando de sinvergüenzas que jamás formaron parte de ningún movimiento social, sindical o popular. Sinvergüenzas acostumbrados a la buena vida y al solas esparcimiento. Egoístas individualistas que solo piensan en ellos y en su similar entorno, personas que jamás ayudaron a nadie que estaba en desventaja económica, social o moral. Sinvergüenzas que se dicen comunistas pero que disfrutan de todas las comodidades en sus casas y que tratan mal, con desprecio y explotan a sus empleados. Eso no es ser comunista. Eso son estafadores; son lobos disfrazados de corderos, que solo piensan lucrarse, con el dinero del pueblo, de ese pueblo al que tratarán de convencer para que vote por ellos.
¡Viva la revolución!, -¿Cuál revolución?... De que revolución hablan esos cretinos, si ya no hay revolución, ahora nuestros robustecidos sistemas de gobierno están hablando de igual a igual vía diplomática con las “ex grandes potencias”. Sudamérica es potencia ahora, tenemos varios Premios Nobel, deportistas campeones del mundo, medallistas olímpicos, connotados intelectuales, escritores, cineastas y económicamente somos grandes productores agrícolas y de materia prima que el mundo requiere. Hoy Sudamérica esta unida, abrió sus fronteras para sus hermanos del continente, ya no existen más guerras entre los sudamericanos o sea las ex grandes potencias ya no tienen a quien vender sus armas de muerte entre otras cosas más.
Sudamérica ya no necesita de más comunistas, Sudamérica requiere ahora de personas que ayuden a sus hermanos a trabajar y a compartir equitativamente de las riquezas que vienen cumulando poco a poco los países de este continente.
Lo que deberían entender estos oportunistas; es que los verdaderos comunistas latinoamericanos, son conocidos, reconocidos y no necesitan carta de presentación para ello.
Camaradas… !Viva la revolución!... ¿Cuales son tus camaradas; de que revolución me hablas naufrago?  Estoy seguro que si mi dilecto amigo argentino (del Barrio de Boca) Carlitos Ferretti escucha esas tonterías, les respondería con su potente voz:
   -Che, dejáte de pavadas y ponéte a trabajar que ya me tenés
     hinchadas las pelotas con las boludeces que decís…. Andááááá.